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Libertad, coherencia y el doble rasero de la política

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La frase de Sheinbaum contra Maru Campos abre una discusión que va más allá de Chihuahua: ¿los partidos defienden la libertad o solo la usan cuando les conviene?

“Si hablas de libertad, sé consecuente”.

La frase de Claudia Sheinbaum contra Maru Campos tiene fuerza porque no se queda solo en el pleito entre una presidenta morenista y una gobernadora panista. Toca una herida más profunda de la política mexicana: la facilidad con la que todos los partidos hablan de libertad cuando están en campaña, pero la incomodidad que sienten cuando esa libertad se ejerce en su contra.

El caso ocurre en medio de una disputa por una manifestación en Chihuahua relacionada con la presencia de agentes de la CIA. Morena acusa que hubo bloqueo a la protesta. El gobierno estatal lo niega. Y como suele pasar, cada bando interpreta los hechos desde su conveniencia política.

Pero el fondo del debate no está únicamente en saber quién tiene razón en este episodio específico. El fondo es preguntarnos si en México existe una defensa real y pareja de la libertad de expresión, de manifestación y de crítica pública.

Porque el doble rasero es evidente en todos los colores. Cuando marchan los simpatizantes propios, se habla de pueblo organizado, democracia viva y participación ciudadana. Cuando marchan los adversarios, aparecen otros nombres: provocación, montaje, acarreo, manipulación o golpeteo político.

Eso lo han hecho gobiernos de derecha, de izquierda, estatales, municipales y federales. Nadie puede presumir pureza absoluta en este terreno.

Por eso la frase es potente, pero también peligrosa si se usa solo como arma contra el rival. “Sé consecuente” debería aplicar para todos. Para quien gobierna Chihuahua, pero también para quien gobierna el país. Para quien está en la oposición, pero también para quien tiene el poder. Para quien exige libertad cuando le conviene, pero se molesta cuando la crítica le toca la puerta.

La libertad no puede depender de si la marcha te favorece, si la pancarta te aplaude o si el reclamo sirve a tu narrativa. La libertad se mide precisamente cuando incomoda. Cuando cuestiona. Cuando no coincide con el discurso oficial.

Y ahí está el verdadero desafío democrático: tolerar la protesta que no te celebra.

El episodio también se cruza con un tema delicado: soberanía, seguridad y presencia extranjera en territorio nacional. Es válido discutirlo. Es necesario exigir transparencia. Pero esa discusión no debería convertirse en excusa para cerrar espacios de expresión ni para convertir cada protesta en batalla partidista.

La frase de Sheinbaum funciona porque resume una exigencia mínima para cualquier actor político: coherencia.

Si vas a hablar de libertad, defiéndela completa. No por mitades. No por colores. No solo cuando el reclamo apunta contra tus adversarios.

Porque una democracia no se prueba cuando todos aplauden. Se prueba cuando alguien protesta y el poder decide no aplastarlo.

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