El 12 de junio de 2025, una columna de opinión en El País señala al diputado Gerardo Fernández Noroña como el “silenciador en jefe” del gobierno de la 4T, acusándolo de encabezar esfuerzos para limitar la libertad de expresión en México. Según el autor, Noroña utiliza su influencia en redes sociales y su posición política para descalificar a críticos, periodistas y opositores, etiquetándolos como traidores o enemigos del proyecto de Morena. Esta estrategia, que combina discursos encendidos con ataques personales, busca intimidar a quienes cuestionan las políticas del gobierno, generando un clima de polarización que amenaza el debate público.
La crítica se centra en el papel de Noroña como un operador clave en la narrativa oficial, particularmente tras las recientes tensiones por reformas judiciales y la militarización de funciones civiles. Sus intervenciones en el Congreso y en plataformas como X, donde cuenta con miles de seguidores, han sido señaladas por promover un discurso que estigmatiza a los medios independientes y a activistas que denuncian excesos del gobierno. La columna destaca un caso reciente en el que Noroña minimizó las protestas contra la federalización de la Guardia Nacional, acusando a los manifestantes de ser manipulados por intereses extranjeros, lo que desató una oleada de críticas en redes.
Este comportamiento no es nuevo, pero ha ganado relevancia en un contexto de creciente escrutinio internacional hacia México por retrocesos democráticos. Organizaciones como Artículo 19 han documentado un aumento en las agresiones verbales contra periodistas, muchas de las cuales encuentran eco en las palabras de figuras como Noroña. La columna advierte que este tipo de retórica no solo debilita la libertad de prensa, sino que también alimenta la desinformación, al presentar cualquier crítica como un ataque al pueblo mexicano, en lugar de un ejercicio legítimo de rendición de cuentas.
El texto concluye que el rol de Noroña como “silenciador” refleja una estrategia más amplia de la 4T para consolidar el poder, sacrificando el pluralismo en el proceso. Sin embargo, también subraya la resiliencia de la sociedad civil y los medios, que continúan exigiendo transparencia pese a las presiones. La libertad de expresión, señala el autor, no puede ser silenciada por completo, pero requiere una defensa activa para evitar que el discurso oficial se imponga como única verdad.








