El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inauguró el 1 de julio de 2025 el centro de detención para migrantes “Alligator Alcatraz” en los Everglades de Florida, un proyecto que refuerza su política migratoria de mano dura. Durante la ceremonia en Ochopee, acompañado por el gobernador Ron DeSantis y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Trump bromeó sobre la presencia de caimanes en los alrededores, diciendo: “Les vamos a enseñar a huir de un caimán. No corran en línea recta, corran en zigzag”, insinuando que los migrantes enfrentarían riesgos extremos si intentan escapar. La instalación, construida en una pista de aterrizaje abandonada en solo dos semanas, tiene capacidad para 3,000 a 5,000 personas y costará 450 millones de dólares anuales, según reportes.
Ubicado en un pantano repleto de caimanes, pitones y mosquitos, el centro busca disuadir fugas por su aislamiento y entorno hostil. La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, lo describió como “un vuelo de ida”, destacando que la única salida es la deportación. El nombre “Alligator Alcatraz” alude a la prisión de San Francisco, que Trump planea reabrir, y a los 200,000 caimanes del Parque Nacional de los Everglades, promovidos como “guardias naturales”. Sin embargo, la construcción ha desatado críticas por su impacto ambiental y por considerarse inhumana. Organizaciones indígenas, como los Miccosukee, y ambientalistas protestaron, denunciando la violación de leyes ecológicas y la amenaza a los humedales.
El Departamento de Seguridad Nacional y el Partido Republicano de Florida han capitalizado la imagen del centro, publicando fotos de caimanes con gorras del ICE y vendiendo mercancía temática. Trump defendió la instalación, afirmando que albergará a “los migrantes más peligrosos”, aunque su administración considera “criminales” a quienes ingresen sin visa, incluyendo a muchos sin antecedentes penales. DeSantis anunció que jueces de inmigración locales agilizarán deportaciones en uno o dos días, intensificando la ofensiva migratoria. Las críticas, lideradas por la alcaldesa de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, señalan que el terreno, valuado en 190 millones, fue vendido por solo 20 millones, cuestionando la transparencia del proyecto.
La inauguración coincide con la aprobación en el Senado de la “Ley grande y hermosa”, un proyecto de presupuesto que financia deportaciones masivas y más centros de detención. Mientras Trump celebra el “Alcatraz de los caimanes” como un modelo, activistas de derechos humanos lo califican de cruel y deshumanizante, exigiendo su cierre. La retórica de Trump, que incluye frases como “tenemos muchos policías en forma de caimanes”, ha generado indignación global, amplificada por protestas de unos 100 manifestantes durante la visita. La ciudadanía y grupos ecologistas piden proteger los Everglades y garantizar un trato digno a los migrantes, en medio de una creciente polarización.






