El estadio Villa Park en Birmingham, Inglaterra, se convirtió en una catedral del heavy metal el 5 de julio de 2025, cuando Black Sabbath, liderado por Ozzy Osbourne, ofreció su concierto final, «Back to the Beginning». Por primera vez en dos décadas, la formación original —Osbourne en la voz, Tony Iommi en la guitarra, Geezer Butler en el bajo y Bill Ward en la batería— se reunió para cerrar un capítulo que comenzó en 1968. A pesar de los desafíos de salud de Osbourne, quien padece Parkinson y actuó sentado en un trono adornado con murciélagos y calaveras, el evento fue un despliegue de energía cruda y emotiva. Bandas legendarias como Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Tool y un supergrupo con músicos como Tom Morello y Billy Corgan rindieron homenaje a los pioneros del género, interpretando clásicos como «Paranoid» y «Iron Man».
El concierto, que agotó entradas en minutos, atrajo a más de 42,000 fanáticos al estadio y a millones más a través de una transmisión global en http://www.backtothebeginning.com. La organización, a cargo de Live Nation y presentada por Jason Momoa, destacó por su carácter benéfico, destinando fondos a Cure Parkinson’s y el Hospital Infantil de Birmingham. La jornada, que comenzó con Mastodon a las 15:00 (hora del Reino Unido) y culminó con Black Sabbath pasadas las 20:00, incluyó momentos icónicos como un cover de «War Pigs» por Judas Priest y la aparición de Steven Tyler interpretando un tema de Aerosmith junto a Ronnie Wood. La nostalgia y la intensidad del evento resonaron en los fans, muchos de los cuales viajaron desde lugares tan lejanos como Texas o India para despedir a sus ídolos.
Sin embargo, el concierto no estuvo exento de controversias. Sharon Osbourne, manager y esposa de Ozzy, reveló que expulsó a una banda invitada por intentar lucrarse con el evento, enfatizando que «no era el momento de sacar ganancias». Esta decisión subraya la intención de mantener el concierto como un homenaje genuino al legado de Black Sabbath, una banda que revolucionó la música con su sonido oscuro y sus letras sobre guerra y locura. La salud de Osbourne, de 76 años, añadió un tono agridulce: su voz, aunque poderosa, mostró los efectos del tiempo, y su incapacidad para caminar lo mantuvo en el trono durante el show. Aun así, su carisma y conexión con el público fueron innegables, como lo expresó Lilly Chapman, una fan de 29 años: «Verlo vulnerable ante miles de personas me hizo llorar».
El concierto «Back to the Beginning» no solo marcó el fin de Black Sabbath, sino que también abrió la puerta a un posible futuro virtual. Sharon Osbourne insinuó la posibilidad de un espectáculo de realidad virtual con hologramas, similar al show «Voyage» de ABBA, aprovechando registros legales previos de la banda. Este evento, descrito por Jason Momoa como «el día más épico en la historia del heavy metal», consolidó a Black Sabbath como los padres del heavy metal y a Ozzy como una figura inmortal. Mientras los acordes finales de «Paranoid» resonaban, el mundo del rock despidió a una leyenda que, aunque deja los escenarios, vivirá eternamente en su música.






