El 14 de julio de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en la Casa Blanca una amenaza sin precedentes contra Rusia: la imposición de aranceles secundarios del 100% a países que mantengan relaciones comerciales con Moscú si no se alcanza un acuerdo de paz en Ucrania dentro de 50 días. Durante una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el Despacho Oval, Trump expresó su creciente frustración con el presidente ruso, Vladimir Putin, por la falta de avances en las negociaciones para frenar los bombardeos en Ucrania, que se intensificaron con 741 drones y misiles lanzados el 9 de julio. “Una de las razones por las que usted está aquí hoy es porque estoy muy descontento con Rusia. Vamos a aplicar aranceles muy severos si no llegamos a un acuerdo en 50 días. Aranceles de aproximadamente el 100%, que llamaríamos aranceles secundarios”, declaró Trump.
Los aranceles secundarios, según explicó Trump, afectarían a terceros países como China, India o Brasil, que compran petróleo o gas ruso, con el objetivo de asfixiar económicamente a Rusia y limitar su capacidad para financiar la guerra iniciada en febrero de 2022. Esta amenaza marca un punto de inflexión tras una llamada el 3 de julio, en la que Putin rechazó ceder en sus objetivos en Ucrania, enfureciendo a Trump, quien previamente había destacado su relación amistosa con el líder ruso. “Hemos tenido conversaciones agradables, pero no significan nada si los misiles siguen cayendo en Kiev”, afirmó, lamentando la muerte de civiles y soldados.
En paralelo, Trump confirmó el envío de sistemas de defensa antiaérea Patriot a Ucrania, cruciales para interceptar misiles balísticos rusos, con el costo asumido por la Unión Europea. Alemania se comprometió a financiar dos sistemas adicionales, según el portavoz Stefan Kornelius, mientras otros países como Canadá, Noruega y el Reino Unido podrían participar. La decisión responde a la presión del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien tras reunirse con el enviado de Trump, Keith Kellogg, reiteró la necesidad de más armamento para contrarrestar los ataques rusos. La OTAN, representada por Rutte, subrayó la urgencia de reforzar las defensas ucranianas, que enfrentan una tasa de intercepción del 70% frente a drones y misiles rusos.
La amenaza de aranceles, que no está vinculada a una propuesta bipartidista del Congreso de EE. UU. que plantea aranceles del 500%, refleja la estrategia de Trump de usar el comercio como herramienta geopolítica, citando éxitos en conflictos como los de India-Pakistán y Ruanda-Congo. Sin embargo, el impacto económico de los aranceles secundarios podría ser limitado, dado que el comercio directo entre EE. UU. y Rusia es mínimo, con exportaciones rusas a EE. UU. representando menos del 0.5% del total. La Bolsa de Moscú, sorprendentemente, subió tras el anuncio, sugiriendo que los inversores esperaban medidas más drásticas. Críticos, como usuarios en X, argumentan que estos aranceles afectarían más a los consumidores estadounidenses al encarecer productos de países sancionados indirectamente.
El ultimátum de Trump, combinado con el envío de armas, intensifica la presión sobre Putin, quien, según el Kremlin, busca una “solución política” pero no cede en sus objetivos territoriales. La postura de Trump, que inicialmente favorecía negociaciones directas con Rusia, ha virado hacia una línea más dura tras meses de bombardeos implacables. Con más de 70,000 muertos en el conflicto, según la ONU, y Ucrania enfrentando una escasez crítica de defensas aéreas, el plazo de 50 días pone a prueba la disposición de Rusia y sus aliados para negociar, mientras México observa desde su posición en el T-MEC, donde también enfrenta aranceles estadounidenses del 25% por migración y narcotráfico.






