La tecnología QLED utiliza una capa de puntos cuánticos—minúsculos nanocristales semiconductores—que, al ser excitados por luz azul, emiten colores rojo y verde muy puros. Esto permite lograr una gama cromática más amplia y colores más saturados sin perder precisión ni brillo, ideal para ambientes iluminados.
A diferencia del OLED, cuyos píxeles se iluminan individualmente, los QLED se basan en retroiluminación LED. Si bien esta configuración mejora el brillo máximo, pudiendo superar los 2 000 nits, los negros no alcanzan la profundidad absoluta del OLED. Sin embargo, el uso de tecnologías como la atenuación local permite reducir notablemente el efecto conocido como ‘blooming’ (brillo difuso alrededor de objetos claros sobre fondos oscuros).
Entre sus principales ventajas se encuentran la alta eficiencia energética —hasta un 30 a 50 % menos consumo—, una mayor vida útil sin riesgo de quemado de pantalla (‘burn‑in’), y un excelente rendimiento para contenido HDR, gracias a su alto volumen de color y capacidad de luminosidad.
Aun con estas cualidades, los QLED no igualan a los OLED en lo que respecta al contraste profundo ni a los ángulos de visión. No obstante, marcas como Samsung (con su línea Neo QLED), Sony y TCL han adoptado esta tecnología para ofrecer televisores de gran tamaño, buena calidad de imagen y precios competitivos.










