Lorena alcanzó la categoría 1 como huracán el miércoles 3 de septiembre, con vientos sostenidos de hasta 120 km/h y rachas de 150 km/h mientras avanzaba por el Pacífico mexicano. El fenómeno provocó la activación de alertas en varias regiones costeras ante el riesgo de impacto directo.
Al día siguiente, el ciclón fue degradado a tormenta tropical, aunque continuó generando lluvias intensas, vientos fuertes y oleaje elevado en Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Durango y Chihuahua. Las autoridades locales advirtieron sobre posibles inundaciones en zonas bajas y cortes de energía en varias comunidades.
El viernes 5 de septiembre, Lorena se convirtió en tormenta post‑tropical, con vientos sostenidos de 56 km/h, permaneciendo estacionaria a unos 274 km al oeste de Cabo San Lázaro. Si bien las alertas oficiales en México fueron canceladas, persiste el riesgo de lluvias acumuladas de hasta 30 cm, lo que podría provocar inundaciones repentinas y deslaves en zonas montañosas.
Además, los remanentes del sistema están provocando lluvias significativas en el suroeste de Estados Unidos, con acumulaciones de hasta 10 cm previstas en partes de Arizona y Nuevo México. Las autoridades en ambos países han pedido a la población mantenerse informada y tomar precauciones ante el posible deterioro de las condiciones climáticas.






