El hallazgo del cuerpo de Omar Kalid Sánchez Salto, estudiante de 17 años de la Preparatoria 17 de la Universidad Autónoma de Guerrero, volvió a sacudir a Acapulco. El joven había sido reportado desaparecido el 24 de septiembre y contaba con una Alerta Amber activa. Un día después, fue localizado sin vida dentro de un hotel en la colonia Icacos. El cuerpo presentaba huellas de violencia, principalmente golpes, lo que confirma la brutalidad con la que fue atacado.
Elementos de la Guardia Nacional, policías estatales y agentes ministeriales acudieron al lugar tras el reporte. Posteriormente, el cadáver fue trasladado al Servicio Médico Forense, donde se confirmó su identidad. La Fiscalía General del Estado de Guerrero informó que abrió una carpeta de investigación para esclarecer el homicidio y dar con los responsables.
El caso evidencia, una vez más, la situación de vulnerabilidad de los jóvenes en Acapulco, ciudad donde las desapariciones y asesinatos han ido en aumento en los últimos meses. Apenas en septiembre, colectivos locales habían denunciado el repunte de desapariciones forzadas y la falta de respuesta de las autoridades estatales.
La muerte de Omar Kalid no solo representa una tragedia personal para su familia y comunidad estudiantil, sino también un recordatorio de que la violencia en Guerrero se ha normalizado al grado de alcanzar espacios donde los jóvenes deberían sentirse a salvo. El crimen, ocurrido en una de las zonas turísticas más conocidas, subraya la crudeza de un escenario donde la inseguridad atraviesa todas las capas sociales.






