Los seis mexicanos que participaron en la Flotilla Global Sumud fueron recibidos con aplausos y discursos oficiales tras su detención en Israel. Pero el contraste duele: en su propio país, quienes buscan a sus desaparecidos siguen siendo tratados como delincuentes.
El gobierno mexicano recibió este martes a los seis activistas nacionales que formaban parte de la Flotilla Global Sumud, una misión humanitaria que intentó romper el bloqueo marítimo en Gaza. Tras ser detenidos por fuerzas israelíes, regresaron a México entre aplausos, cámaras y reconocimientos oficiales.
Los voluntarios fueron recibidos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por representantes de la Secretaría de Relaciones Exteriores, quienes destacaron su “valentía y compromiso con la causa humanitaria”. La imagen fue potente: banderas, abrazos, sonrisas y discursos sobre la defensa de los derechos humanos.
Sin embargo, la escena contrasta con otra realidad mucho más cercana: en territorio mexicano, las madres buscadoras siguen enfrentando hostigamiento, criminalización y abandono institucional.
Mientras los activistas regresan con honores por haber arriesgado su vida en otro país, aquí las mujeres que arriesgan la suya buscando a sus hijos desaparecidos no reciben escoltas ni aplausos, sino amenazas y silencio oficial.
El regreso de la Flotilla Global Sumud deja al descubierto la contradicción de un Estado que celebra la defensa de los derechos humanos… siempre y cuando sea lejos de sus fronteras.
Porque en México, parece que ser héroe depende del lugar donde luches.


