BAJADA: El expresidente estadounidense volvió a poner en duda el futuro del principal tratado comercial de América del Norte, al asegurar que el T-MEC podría ser sustituido por pactos individuales con cada país.
El aspirante republicano y expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero económico del continente al declarar que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podría ser reemplazado por acuerdos bilaterales con cada país.
Trump afirmó que su intención es “simplificar y fortalecer” las relaciones comerciales, pero su mensaje fue interpretado como una amenaza directa a la continuidad del T-MEC, uno de los pilares del comercio regional y motor clave para millones de empleos en América del Norte.
Durante su administración, Trump ya había renegociado el viejo TLCAN bajo presión, imponiendo condiciones favorables a la industria estadounidense. Ahora, en plena campaña presidencial, el discurso suena más a promesa electoral que a estrategia económica: “Si el tratado no funciona para Estados Unidos, lo reemplazaremos”, dijo.
Analistas advierten que un cambio así podría desestabilizar las cadenas de suministro, frenar inversiones y poner en riesgo los beneficios del nearshoring, especialmente en México, donde miles de empresas dependen de la integración comercial con el norte.
La postura de Trump revive el fantasma del proteccionismo y deja claro que su prioridad no es fortalecer la cooperación, sino volver a poner a su país “primero”, incluso si eso implica dinamitar los acuerdos que él mismo firmó.
México y Canadá han evitado responder con confrontación directa, aunque la tensión se siente. La sola posibilidad de que el T-MEC se desarme ya genera incertidumbre en los mercados, en un momento en que la región busca estabilidad frente a los retos económicos globales.
El futuro del tratado parece depender, otra vez, de las urnas estadounidenses. Y en ese escenario, el comercio trilateral podría convertirse en la próxima víctima del populismo económico.









