La Secretaría de Salud autorizó que enfermeras, enfermeros y pasantes de medicina puedan prescribir medicamentos, una medida que promete agilizar la atención médica… pero que también despierta dudas sobre el control y el posible desvío de fármacos.
En México acaba de firmarse un cambio histórico —y polémico— en el sistema de salud.
A partir de ahora, licenciados en enfermería, enfermeros especialistas y pasantes de medicina podrán recetar ciertos medicamentos de manera oficial.
La decisión busca agilizar la atención en clínicas y hospitales, sobre todo en zonas rurales o con alta saturación médica.
Pero no todos los fármacos estarán al alcance de su pluma: podrán prescribir antibióticos leves, analgésicos, antihistamínicos, antipiréticos y medicamentos de uso común, como paracetamol, ibuprofeno, amoxicilina o loratadina.
Nada de controlados, estupefacientes o psicotrópicos —esos seguirán siendo terreno exclusivo de médicos titulados.
Las recetas deberán incluir nombre completo del profesional, número de cédula, institución de salud, firma y fecha, y estarán supervisadas por la COFEPRIS y la Secretaría de Salud.
Sin embargo, las críticas no se hicieron esperar:
expertos y usuarios en redes cuestionan si esta medida realmente ayudará a mejorar la atención o abrirá la puerta al abuso y desvío de medicamentos.
Algunos señalan que, sin controles estrictos, podría repetirse el caos de recetas falsas o ventas irregulares en farmacias.
Mientras tanto, enfermeros y enfermeras celebran el reconocimiento a su trabajo, afirmando que han sido el primer contacto de millones de pacientes durante años sin contar con herramientas legales para actuar.
El debate está servido:
¿es este un paso hacia un sistema de salud más eficiente… o una receta que podría salir mal?
Porque en México, entre la burocracia y la automedicación, curarse nunca ha sido tan complicado.








