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Trump acusa: “los cárteles gobiernan México”, pero dice respetar a Sheinbaum

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Donald Trump volvió a encender el micrófono con una frase hecha a su medida: “México está gobernado por los cárteles”. La sentencia, tan explosiva como calculada, fue pronunciada desde la Casa Blanca ante un grupo de reporteros que buscaban titulares. Y los consiguió. En su discurso, el presidente estadounidense mezcló elogios y advertencias: dijo respetar a Claudia Sheinbaum, a quien describió como “una mujer extraordinaria y valiente”, pero insistió en que México “debe defenderse” del crimen organizado. Una combinación perfecta para agitar el avispero diplomático sin romper formalmente las relaciones.

El líder republicano aseguró que su gobierno ha detenido a más de tres mil presuntos narcotraficantes y decomisado más de 69 mil kilos de drogas, en lo que calificó como “la mayor ofensiva contra los cárteles en la historia de Estados Unidos”. Las cifras, convenientemente redondeadas, sirven a la narrativa que Trump domina: la del hombre fuerte que promete erradicar el mal desde el norte, aunque los resultados sean imposibles de verificar. En su estilo habitual, también metió en el mismo saco a Colombia, elevando el tono de una retórica que busca enemigos externos para justificar su política interna.

La coincidencia no es menor. Mientras Sheinbaum intenta consolidar su primera etapa como presidenta, Trump aviva su campaña hacia 2026 con la estrategia de siempre: criminalizar a los vecinos, apuntar contra el fentanilo y mostrar músculo militar. El anuncio de una nueva “campaña marítima” contra narcolanchas en el Caribe y el Pacífico encaja perfectamente con esa lógica. Detrás del discurso, el mensaje político es claro: Estados Unidos combate, México falla. Y en tiempos de elecciones, ese contraste vale más que cualquier tratado diplomático.

Entre líneas, Trump vuelve a utilizar a México como espejo de sus propios miedos y plataforma de su ambición política. Lo hizo antes con el muro, ahora con los cárteles. Su aparente respeto hacia Sheinbaum es una cortesía de micrófono: un reconocimiento con filo, una palmadita que al mismo tiempo señala debilidad. Porque para Trump, México sigue siendo el villano perfecto. Uno que puede culpar por las drogas, por la violencia o por cualquier cosa que necesite para volver a ganar votos. Y lo sabe: cada vez que menciona a los cárteles, el aplauso de su base retumba más fuerte que cualquier cifra oficial.

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