Cuando López Obrador inauguró la llamada “megafarmacia del Bienestar”, prometió acabar con el desabasto de medicamentos: que desde Huehuetoca se distribuirían a clínicas y hospitales, y que ningún paciente quedaría sin su medicina. Pero la realidad se desvió mucho del discurso. La nave industrial –ubicada en Huehuetoca– fue diseñada para albergar los medicamentos de cinco almacenes de Birmex en el Estado de México, más no para surtir directamente a quienes los requerían.
Según los reportes, el centro apenas surtía unas cuantas recetas diarias: mientras la capacidad era para cientos de millones de piezas de medicamento, operaba casi al mínimo. En los primeros meses, se reportaron cifras como 67 recetas surtidas de cientos de solicitudes, y un volumen de medicamentos almacenados que representaba solo un 0.9 % de la capacidad anunciada. Además, se denunció que para llenarla se sustrajeron medicinas de institutos como el IMSS, el ISSSTE o el IMSS‑Bienestar, lo que implicó que el problema del desabasto se trasladara, no se resolviera.
Los testimonios de quienes viven cerca del complejo son aún más reveladores: “hay más seguridad que trabajadores”, dicen. Tráilers estacionados sin movimiento, pocos empleados y un lugar que parece más un almacén de exhibición que una planta de logística viva. Evaluaciones socioeconómicas del proyecto de inversión ya lo identificaban como una bodega cuyo nombre contenía “distribución”, pero las operaciones no incluían realmente repartir medicamentos a hospitales dispersos.
Este episodio es mucho más que otro eslabón en el catálogo de “megaobras” criticadas: expone cómo la promesa de fortalecer la salud pública con un solo golpe de ingenio industrial puede naufragar sin la estructura operativa adecuada, sin la cadena logística y sin el enfoque en usuario final. El discurso fue alto, el anuncio fue solemne, pero la ejecución fue débil. Así, lo que debería haber sido una pieza clave para atender la desigualdad en el acceso a medicamentos se convirtió en un elefante blanco que refuerza la brecha entre lo que se dice y lo que se hace.








