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Brad Pitt vs. Angelina Jolie: el vino amargo de un amor que no deja de fermentar

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Brad Pitt ha demandado a Angelina Jolie por 35 millones de dólares, alegando daños y perjuicios tras la venta de su parte del Château Miraval, la lujosa bodega francesa que compartían cuando aún eran pareja.
Lo que comenzó como un símbolo de amor, hoy se ha convertido en un campo de batalla legal y emocional.

El amor puede madurar como un buen vino… o volverse agrio con el tiempo.
Y en el caso de Brad Pitt y Angelina Jolie, el Château Miraval —la joya vinícola del sur de Francia donde se casaron en 2014— se ha transformado en el escenario de su guerra más prolongada.

Según El País, Pitt ha presentado una nueva demanda contra Jolie por 35 millones de dólares, reclamando daños y perjuicios derivados de la venta de su parte del viñedo a un empresario ruso sin su consentimiento.
El actor asegura que su exesposa actuó “de mala fe” al desprenderse de su participación en la empresa que ambos fundaron, violando acuerdos previos sobre la administración conjunta del negocio.

Château Miraval no era solo una propiedad: era el proyecto que representaba la unión artística, empresarial y familiar de una de las parejas más poderosas de Hollywood.
Allí nacieron sus vinos rosados de alta gama y, según Brad, su sueño de un legado compartido.
Hoy, esa misma tierra es el reflejo del desgaste de una relación marcada por pleitos judiciales, acusaciones cruzadas y heridas que no terminan de cerrar.

La historia parece un guion de Hollywood escrito con tinta legal.
Pitt acusa a Jolie de haber vendido su parte sin consultarlo y, además, de perjudicar deliberadamente la imagen de la marca.
Por su parte, los abogados de Jolie han sostenido que su cliente tenía derecho a hacerlo tras años de tensiones personales y empresariales, y que la venta fue una manera de liberarse de un socio con el que ya no podía trabajar.

En el centro del conflicto no hay solo dinero, sino control.
El actor sostiene que Jolie busca “infligirle daño”, mientras los analistas señalan que el Château, más que una inversión, es un símbolo de poder emocional.
Miraval fue su refugio, su boda, su negocio… y ahora, su guerra.

El caso podría prolongarse por años, con implicaciones fiscales y contractuales que rebasan los 200 millones de dólares en valor estimado de la bodega.
Mientras tanto, el público observa cómo el “Brangelina” que alguna vez encarnó el amor cinematográfico por excelencia se convierte en una lección de lo efímero del glamour y lo eterno del rencor.

Brad Pitt, sereno pero firme, busca recuperar lo que considera suyo.
Angelina Jolie, distante y estratégica, defiende su decisión de soltar.
Entre ambos, una botella de vino que ya no celebra, sino divide.

Y aunque Miraval sigue produciendo miles de botellas cada año, el sabor que deja este litigio es, sin duda, el más amargo de su historia.»

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