El gobierno de Donald Trump volvió a usar canciones sin permiso para promover su agenda antimigrante. Esta vez, Sabrina Carpenter respondió con fuerza. Pero no está sola: decenas de artistas, editoriales y hasta figuras religiosas se han distanciado de la narrativa oficial.
La Casa Blanca publicó un video: escenas de detenciones migratorias del ICE, protestas en las calles… y de fondo, un fragmento viral de “Juno”, el éxito pop de Sabrina Carpenter. La frase “Have you ever tried this one?” repetida mientras agentes persiguen a personas latinas. La mezcla fue tan incómoda que no tardaron los reclamos.
Carpenter, una de las artistas más escuchadas del momento, no se guardó nada: “Este video es malvado y repugnante. No usen mi música para promover su agenda inhumana”. Fue directa, clara y sin rodeos.
Pero aunque su reacción se volvió tendencia, lo importante es que no es la primera. Ni la única. Ni la última.
Lo que estamos viendo es una tensión que lleva años calentándose: artistas que rechazan el uso de su obra para fines políticos y un gobierno que insiste en apropiarse de canciones, slogans y hasta personajes de libros infantiles para justificar su discurso antimigrante o su “guerra contra las drogas”.
Sabrina se une a una lista que ya supera las dos decenas de músicos. Neil Young, The Rolling Stones, Rihanna, Adele, Queen, Pharrell Williams, Axl Rose… todos han pedido que su música no sea usada por Trump. Olivia Rodrigo, recientemente, exigió que dejaran de utilizar “All-American Bitch” en un video que promovía la autodeportación mediante la aplicación CBP Home.
Incluso una editorial de libros para niños intervino. Kids Can Press denunció una portada modificada del personaje Franklin the Turtle, mostrada por el secretario de Guerra en redes. En esa versión, Franklin aparecía empuñando un lanzacohetes contra supuestos narcoterroristas. La editorial lo calificó como “uso denigrante y no autorizado”, recordando que el personaje representa valores como empatía y amabilidad.
La incomodidad no se limita al mundo artístico. Críticos sociales, activistas y hasta figuras religiosas han cuestionado la narrativa oficial. El papa León se sumó a las voces que rechazan la manera en que el gobierno ha llevado sus detenciones migratorias, incluyendo operativos en juzgados, esquinas de barrios hispanos y edificios de apartamentos.
Lo interesante es que la reacción de Carpenter no nace únicamente del uso no autorizado de su música, sino del contexto. “Juno” es una canción sensual, ligera, de baile, de alegría. Ver ese verso junto a imágenes de personas detenidas genera un choque emocional fuerte que los fans notaron de inmediato.
Y esa estética —musical, juvenil, viral— se volvió herramienta de propaganda sin permiso.
La respuesta de la artista no solo marca distancia con la Casa Blanca; también refleja un momento cultural donde los músicos reclaman el derecho sobre el significado de sus obras. No quieren que una canción pensada para conectar con sus fans termine respaldando políticas que consideran dañinas.
En un país donde la política busca apropiarse del entretenimiento, los artistas están diciendo algo simple: su arte no es un slogan gubernamental. Y si alguien insiste, ellos responderán… a su propio ritmo y con su propia voz.»








