back to top

Del debate al ring: cuando el Congreso perdió la compostura

Date:

Comparte en tus redes


Codazos, jaloneos y gritos en el Congreso de la CDMX. La política se desdibujó y el recinto legislativo pareció más arena que parlamento.


El Congreso de la Ciudad de México debería ser el espacio donde las ideas se confrontan con argumentos. Esta semana, en cambio, fue escenario de empujones, jalones de cabello y forcejeos que poco tuvieron que ver con el debate democrático. Lo ocurrido no solo exhibe tensiones políticas: refleja un preocupante nivel de improvisación y falta de profesionalismo entre quienes tienen la responsabilidad de legislar.

La sesión estaba marcada por dos temas clave: la extinción del Instituto de Transparencia local y la aprobación del Paquete Económico 2026. En ese contexto, el PAN intentó frenar el proceso legislativo condicionando su apoyo a mantener en funciones al actual contralor del instituto, bajo el argumento de esperar la ley secundaria. Al no concederse la modificación, la advertencia se cumplió: la tribuna fue tomada y el pleno se convirtió en un caos.

Lo que siguió fue una escena difícil de justificar. Legisladoras de distintos partidos se enfrentaron con empujones, gritos y jaloneos de cabello. Hubo intentos de controlar el audio, forcejeos en la mesa directiva y un ambiente que distó mucho de la solemnidad que exige el cargo. Por momentos, aquello parecía una arena de lucha libre; solo faltó que alguien se aventara una plancha desde la tribuna para completar el espectáculo.

Ante la falta de condiciones para continuar, se decretó un receso. Entre rumores de sedes alternas y regresos estratégicos al salón, la discusión se desplazó del contenido de la reforma al control del espacio. Morena y sus aliados denunciaron presiones y chantajes para conservar cuotas políticas, mientras la oposición insistía en frenar la sesión. Al final, con la salida de los opositores, la mayoría aprobó la reforma constitucional que transforma al instituto en un organismo adscrito a la Contraloría General y dio un plazo de 180 días para la ley secundaria.

La jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue clara al señalar que estas confrontaciones buscaban retrasar la aprobación del presupuesto y llamó al diálogo y al debate. También condenó los hechos y advirtió que recurrir a la confrontación física no aporta nada al proceso democrático. Su mensaje fue directo: argumentos hay, condiciones también; lo que faltó fue altura política.

Más allá de quién ganó la votación, el verdadero saldo es la imagen que queda. Legisladoras y legisladores electos para representar a la ciudadanía terminaron protagonizando escenas que erosionan la confianza pública. Cuando el Congreso se convierte en ring, la política pierde seriedad y la ciudadanía pierde referentes. Gobernar y legislar no es forcejear por la tribuna: es debatir, convencer y asumir las consecuencias con responsabilidad.

Descubre más desde 1M Noticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo