Un error aritmético en el Pleno de la SCJN aprobó lo que en realidad había sido rechazado. La justicia, por minutos, quedó en manos de una mala suma.
En la Suprema Corte de Justicia de la Nación no se discutía un asunto menor. Estaba en juego un criterio que afectaría directamente el pago retroactivo de pensiones a trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad. Sin embargo, el episodio pasará a la historia no por su profundidad jurídica, sino por algo mucho más elemental: alguien contó mal.
Durante la sesión pública del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el nuevo secretario general de Acuerdos, Daniel Álvarez Toledo, anunció que existía una mayoría a favor del proyecto presentado por el ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz. El problema fue simple y, al mismo tiempo, alarmante: cinco ministras y ministros habían votado en contra y solo cuatro a favor. En otras palabras, el proyecto no había pasado… pero fue declarado aprobado.
La escena tiene algo de tragicomedia institucional. El secretario acababa de asumir el cargo unos días antes y, en su primer gran conteo, falló. No en una coma, no en una interpretación jurídica compleja, sino en sumar votos. Cinco es más que cuatro. Aparentemente, en ese momento, no para todos.
Con base en ese anuncio, el ministro presidente dio por resuelta la contradicción de criterios y levantó la sesión. La transmisión terminó y, solo después, fuera de cámara, los propios integrantes del Pleno se dieron cuenta de que el marcador estaba al revés. La corrección vendrá el lunes, cuando se vote el acta y se turne el proyecto a un ministro de la mayoría real.
El proyecto en cuestión buscaba condicionar el pago retroactivo de pensiones jubilatorias de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad a que la solicitud previa se realizara por conducto del sindicato, incluso para quienes no estuvieran afiliados. Varias ministras y ministros consideraron que ese criterio generaba un trato injustificado entre trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, razón por la cual votaron en contra.
El fondo del debate es serio, pero la forma lo eclipsó todo. Porque si la Suprema Corte es el último bastión de certeza jurídica, el mínimo esperado es que sus decisiones se basen en votos correctamente contados. No es una exigencia excesiva: es aritmética básica.
La burla es inevitable. En un país donde se pide confianza en las instituciones, ver que el máximo tribunal “aprueba” algo que perdió cinco a cuatro despierta más ironía que tranquilidad. No se trata de mala fe, dicen. Se trata de un error humano. Pero incluso los errores humanos, cuando ocurren en la cúspide del poder judicial, pesan más.
El lunes habrá corrección, acta rectificada y proyecto reasignado. El sistema, en teoría, se autocorrige. Aun así, queda la sensación incómoda de que, por un momento, la justicia dependió de alguien que no supo contar hasta diez. Y cuando eso pasa en la Suprema Corte, la sátira se escribe sola.










