back to top

Date:

Comparte en tus redes

Licencia acá, foto oficial allá: el doble escenario de Yunes que volvió a prender el Senado

Miguel Ángel Yunes Márquez dejó temporalmente su escaño y su padre lo suplió en la Cámara alta, pero al mismo tiempo apareció en una reunión parlamentaria en París. El caso abrió un nuevo debate sobre los límites reales de una licencia legislativa.

Lo de Miguel Ángel Yunes Márquez no estalló solo por un viaje a París. Estalló porque exhibe algo que en la política mexicana desespera muchísimo: la sensación de que las reglas sí existen, pero a veces se doblan según quién las use y cómo convenga contarlas.

Los hechos base son claros. Yunes Márquez pidió licencia en el Senado del 9 al 16 de marzo, y durante ese periodo su lugar fue ocupado por su suplente, su padre, Miguel Ángel Yunes Linares. Eso no es interpretación, eso está reportado de forma coincidente.

El problema vino después. Mientras el padre ocupaba el escaño en México, el hijo apareció en París en una reunión parlamentaria de la OCDE. Ahí la senadora panista Laura Esquivel lanzó el señalamiento central: si está con licencia, no puede representar al Senado mexicano en ningún evento. Y la crítica no es menor, porque toca un punto muy sensible en cualquier democracia: la representación institucional no debería ser ambigua. O representas al órgano o no lo representas. No debería existir una zona gris tan cómoda.

Pero la respuesta del Senado fue otra. Laura Itzel Castillo defendió que Yunes Márquez acudió a título personal, no como representante oficial del Senado, y además cubrió sus propios gastos. Desde esa versión, no habría irregularidad porque no se trató de una misión institucional formal, sino de una presencia personal dentro de una dinámica parlamentaria.

Y ahí está justo el corazón del escándalo. No tanto si viajó con dinero público o privado, sino qué significa realmente estar de licencia. Porque si una licencia implica dejar temporalmente el cargo, la lógica ciudadana más básica diría que también implica soltar, por esos días, la investidura pública que viene con él. Si no, entonces la licencia se vuelve una figura muy rara: te reemplazan para votar, para sentarte en el pleno y para ejercer el encargo aquí, pero todavía puedes aparecer allá bajo la sombra del mismo cargo. Legalmente quizá alguien pueda defenderlo. Políticamente se ve rarísimo.

Y ese es el punto más delicado: la percepción. En una clase política ya muy desgastada, estas escenas alimentan la idea de que hay cargos que nunca se sueltan del todo, solo se administran por tramos. Hoy lo ocupa el suplente, mañana reaparece el titular, y mientras tanto la representación parece moverse como si fuera una credencial expandible. Eso, aunque tenga explicación reglamentaria, le pega durísimo a la credibilidad.

También pesa el contexto político del personaje. Yunes Márquez ya venía cargando polémica desde su acercamiento con Morena y por el papel clave que jugó en votaciones delicadas dentro del Senado. Por eso cualquier movimiento suyo se lee más como jugada política que como simple trámite legislativo.

Al final, el Senado dice que no hubo representación oficial. El PAN dice que sí hubo una irregularidad de fondo. Y entre ambas versiones queda otra vez el ciudadano mirando una escena demasiado conocida: una clase política que discute tecnicismos mientras la gente ve algo mucho más simple y mucho más demoledor.

Que a veces en México una licencia no parece pausa. Parece duplicación.

Descubre más desde 1M Noticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo