PRI, Verde y Movimiento Ciudadano ya empezaron a ordenar sus rutas internas para definir candidaturas. El tropiezo del PRI fue que su mensaje de futuro acabó oliendo a pasado.
Lo más interesante de estas tres notas no es la ironía de Claudia Sheinbaum ni la polémica alrededor de Rosario Robles. Lo que de verdad importa es la señal de fondo: la elección de 2027 todavía no entra al calendario formal, pero en la política real ya empezó. PRI, Verde y Movimiento Ciudadano ya están moviendo estructuras, midiendo perfiles y dejando ver bajo qué lógica quieren escoger a sus próximos candidatos.
Eso importa muchísimo porque confirma algo que ya se volvió regla en México: nadie quiere arrancar tarde. El PRI presentó a sus “Defensores de México”, una figura con la que busca mandar cuadros a territorio en los estados que renovarán gubernatura. El Verde ya perfila cartas mediante encuestas internas. Y Movimiento Ciudadano también anda adelantando acomodos. Traducido al español político: todos ya están en modo pretemporada electoral.
El problema para el PRI no fue tanto moverse temprano. De hecho, estratégicamente tiene lógica. Su bronca fue de narrativa. Quiso mandar el mensaje de que ya tiene método, estructura y operación, pero una parte de la conversación pública se le fue por otro lado cuando apareció Rosario Robles entre las figuras presentadas. Robles fue secretaria de Sedesol y Sedatu con Enrique Peña Nieto, pasó tres años en prisión preventiva y luego fue absuelta, pero su nombre sigue cargado de desgaste político.
Ahí fue donde Sheinbaum aprovechó y soltó la frase que les resumió el problema en segundos: “son muy nuevos perfiles”. El comentario pegó no solo por burlón, sino porque conectó con una percepción muy instalada: que parte de la oposición quiere vender renovación sin terminar de soltar figuras que la gente relaciona con otra etapa del país.
Pero quedarse solo con el chiste sería perder lo más importante. Lo verdaderamente revelador es que los partidos ya están enseñando sus métodos. Algunos apuestan por estructuras territoriales, otros por encuestas, otros por posicionamiento temprano. Eso quiere decir que la pelea por 2027 no va a arrancar cuando lo diga la ley, sino cuando cada partido sienta que ya tiene que sembrar nombre, narrativa y presencia. Y eso ya está pasando.
También deja otra lectura: en esta etapa no basta con tener aspirantes; hay que saber cómo presentarlos. Porque no solo se trata de quién será candidato, sino de qué historia quiere contar cada partido sobre sí mismo. Si el PRI quiere contar que se moderniza, no puede permitirse que la conversación se le vaya al reciclaje. Si MC quiere vender frescura, va a tener que demostrar que no vive solo de branding. Y si el Verde sigue apostando a la lógica de las encuestas, también tendrá que explicar qué tanto decide realmente la militancia y qué tanto decide la conveniencia política.
En resumen, la escena ya cambió. El 2027 todavía no se vota, pero ya se está diseñando. Y en esa etapa, tanto pesan las reglas internas como las caras que cada partido decide poner al frente. Porque salir temprano ayuda, sí, pero salir con el mensaje equivocado también te puede dejar expuesto desde el primer calentamiento.








