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México no ganó medallas en Milano-Cortina, pero sí historias; Brasil se llevó la hazaña histórica

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La pequeña delegación mexicana cerró sin podios los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026, pero con momentos que conmovieron al mundo. Mientras tanto, un esquiador con raíces brasileñas firmó el primer oro invernal para Sudamérica y cambió el mapa simbólico del deporte en la nieve.

Si uno mira solo el medallero, México pasó casi desapercibido en Milano-Cortina 2026: cinco atletas, ningún podio, posiciones modestas. Pero ese mismo cuadro frío no cuenta lo que realmente ocurrió en pistas y pistas de hielo: el país se llevó algo más valioso que una cifra en la tabla, dejó historias que se volvieron virales, titulares internacionales y una identidad invernal que empieza a tomar forma.

El camino lo abrió Donovan Carrillo. En el programa corto del patinaje artístico no tuvo su presentación ideal, pero le bastó para meterse de nuevo entre los mejores 24 del mundo. En el programa largo, firmó la mejor marca de su vida y terminó en el lugar 22 global. Más allá del número, lo significativo fue la escena: el público coreando su nombre y gritando México en una arena acostumbrada a celebrar a potencias tradicionales. Donovan confirmó que no fue una curiosidad de Beijing, sino una figura estable del deporte invernal mexicano.

Después llegó Regina Martínez, la doctora de urgencias que intercambia guardias hospitalarias por entrenamientos de esquí de fondo. Terminó última, once minutos atrás de la campeona, pero cruzó la meta entre aplausos y abrazos de rivales, incluida la propia medallista de oro. Su llegada, agotada pero sonriente, fue replicada por medios de todo el mundo como ejemplo de resistencia y pasión. En un ciclo olímpico marcado por el alto rendimiento extremo, una mexicana que empezó a esquiar hace pocos años terminó representando la tenacidad del último lugar que no se rinde.

El capítulo de Sarah Schleper y Lasse Gaxiola añadió un ingrediente que pocas delegaciones pueden presumir: madre e hijo compitiendo juntos en unos mismos Juegos Olímpicos. Ella, con récord histórico de participaciones olímpicas, firmó un digno lugar 26 en el Super G antes de quedar fuera por una descalificación técnica en el gigante. Él, uno de los más jóvenes del equipo mexicano, se metió de lleno al nivel mundial con resultados respetables en el eslalon gigante, hasta que una nevada obligó a suspender la prueba de eslalon que debía cerrar su participación.

Y en esa misma nieve donde Lasse peleaba por completar su recorrido, otro nombre entró a los libros de historia: Lucas Pinheiro Braathen. Nacido en Noruega, de madre brasileña, decidió dejar la selección noruega y representar a Brasil. En Milano-Cortina conquistó el oro en el eslalon gigante y se convirtió en el primer medallista olímpico de invierno de un país sudamericano. Con una primera manga perfecta y la sangre fría para sostener la ventaja en la segunda, le dio a Brasil una victoria que parecía imposible para una nación sin tradición en deportes de nieve.

La imagen es potente: México sin medallas pero con relatos que inspiran, Brasil estrenándose en el podio invernal. El mensaje para la región es claro: con apoyo, visión y constancia, el invierno también puede hablar en español y portugués. La pregunta es si México se quedará en la anécdota emotiva o si estos Juegos serán el punto de partida para tomarse en serio, por primera vez, el camino hacia un futuro podio.

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