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Tepito, la piratería y el espectáculo del decomiso

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El aseguramiento de mercancía apócrifa en Tepito presume músculo institucional rumbo al Mundial 2026, pero también exhibe una realidad incómoda: la piratería no sobrevive por sorpresa, sino porque existe una economía entera que la tolera, la consume y la deja crecer.


El cierre de la llamada Operación Limpieza en Tepito dejó una cifra escandalosa y, al mismo tiempo, muy reveladora: 25 toneladas de mercancía apócrifa asegurada, con un valor estimado de 15.3 millones de pesos. No fue un hallazgo menor ni una bodega perdida en algún rincón de la ciudad. Fue un operativo coordinado entre el IMPI, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México y la Marina, que retiró del mercado 80 mil 973 productos de marcas deportivas reconocidas.

La primera lectura parece obvia: el gobierno quiere mandar un mensaje de control. Y lo quiere hacer justo antes del Mundial de 2026. Santiago Nieto, director del IMPI, lo dijo con claridad: estas acciones buscan combatir la venta de artículos pirata o clonados y proteger la propiedad intelectual de cara a la Copa del Mundo. Además, las autoridades adelantaron que vienen operativos permanentes en los alrededores de los estadios y en los Fanfest.

Pero la foto del decomiso también deja una pregunta incómoda: si hubo tal volumen de mercancía, tal variedad de marcas y una operación tan visible en uno de los mercados más conocidos del país, entonces el problema no es un accidente aislado. Es un sistema. Uno que lleva años funcionando a plena vista, con cadenas de distribución, oferta constante y una clientela que sabe perfectamente lo que compra. La piratería no apareció ayer porque se le ocurrió a alguien. Se volvió parte de una normalidad comercial tolerada, rentable y profundamente arraigada. Esa es la parte que ningún boletín presume. Esta conclusión es una inferencia razonable a partir de la magnitud del decomiso reportado por las autoridades.

También hay algo políticamente útil en este tipo de golpes mediáticos. Las autoridades presentan el operativo como un “contundente golpe a la piratería” y subrayan que ya suman 21 acciones coordinadas desde el operativo en Izazaga 89 en 2024, ocho de ellas en la Ciudad de México. Suena bien, claro. Pero si después de 21 acciones seguimos hablando de decomisos millonarios, quizá el problema no está solo en la capacidad para incautar mercancía, sino en la incapacidad para desmontar de fondo la estructura que la mueve.

El propio IMPI añadió otro dato clave: la piratería implica pérdidas para el sector textil por poco más de 8 por ciento de los ingresos de 2024-2025. O sea, no se trata solo de camisetas “tipo clon” vendidas más baratas. Se trata de un mercado paralelo que impacta empleos formales, impuestos y competencia.

Al final, este operativo deja una escena muy mexicana: toneladas de mercancía asegurada, cámaras, discursos y promesas de vigilancia reforzada rumbo al Mundial. El problema es que, si todo esto solo sirve para limpiar la vitrina antes de que llegue la fiesta del futbol, entonces no estamos viendo una solución estructural. Estamos viendo maquillaje institucional con temática mundialista.

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