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Ruta de muerte en Querétaro

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Otra vez la tragedia llegó por carretera, sin discurso previo y con la brutalidad de siempre. Un autobús de pasajeros se impactó contra un árbol en el municipio de Amealco, Querétaro, y dejó al menos nueve personas muertas y más de 20 lesionadas. El accidente ocurrió en el kilómetro 8 de la carretera 310, a la altura de La Muralla, y convirtió un trayecto cotidiano en una escena de devastación.

La unidad, de la empresa Amealcenses, salió de la comunidad de San Ildefonso con dirección a San Juan del Río. A bordo viajaban al menos 36 personas. El golpe fue de tal magnitud que la parte frontal del camión quedó completamente destrozada y varios pasajeros salieron proyectados hacia el asfalto. No fue un raspón, no fue un susto, no fue uno de esos percances que se maquillan con burocracia. Fue un impacto letal que dejó muertos en el sitio y a decenas de personas heridas en distintos niveles de gravedad.

Los primeros auxilios llegaron tras el aviso de automovilistas que circulaban por la zona. Personal de Protección Civil y Bomberos de Amealco y San Juan del Río acudió al lugar para atender a los lesionados y acordonar el área. De acuerdo con los reportes iniciales, 18 personas fueron clasificadas con golpes menores, seis presentaban fracturas y contusiones de consideración, y tres más fueron reportadas graves, por lo que tuvieron que ser trasladadas vía aérea al Hospital General de San Juan del Río.

El chofer fue detenido y puesto a disposición de la Fiscalía, mientras peritos y personal forense iniciaron las diligencias correspondientes. La vialidad permaneció cerrada durante las labores de rescate y levantamiento. Y ahí apareció otra escena conocida: habitantes de Amealco acercándose con angustia al lugar porque muchos de los pasajeros eran de ese municipio. En México, los accidentes carreteros rara vez se viven como cifras aisladas; casi siempre golpean comunidades enteras que descubren de golpe que la ruta de todos los días también puede ser una sentencia.

La postal es dura por lo que muestra y más dura por lo que repite. Un autobús lleno, una carretera regional, familias enteras vulnerables y un sistema que reacciona cuando ya solo queda contar muertos, heridos y pedazos de metal. Porque cada vez que ocurre una tragedia así, la discusión se encierra en el dato inmediato y se olvida lo de fondo: condiciones de las unidades, supervisión, velocidad, mantenimiento, fatiga de operadores y seguridad en tramos donde un error no perdona.

El árbol quedó inmóvil. El camión no. Y en ese choque seco contra algo que no se mueve, volvió a estrellarse también una rutina nacional: la de normalizar que viajar por carretera sea demasiado seguido un acto de fe. En Querétaro, esta vez, el saldo no fue una cifra fría. Fueron nueve vidas perdidas y decenas de personas heridas en un trayecto que parecía uno más. Hasta que dejó de serlo.

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