CIA en Chihuahua: la soberanía que sí les dio prisa Mientras el caso Rocha camina entre pausas, tecnicismos y protección federal, la FGR ahora sí acelera por la presencia de agentes de la CIA en un operativo en Chihuahua.
Ah, pero esto sí les urge.
La FGR citará a declarar a decenas de agentes de Chihuahua por la presencia de presuntos elementos de la CIA en un operativo realizado en la Sierra del Pinal, donde se buscaba desmantelar un supuesto narcolaboratorio. El caso es grave, sí. No estamos hablando de una anécdota diplomática ni de unos extranjeros extraviados en la sierra. Estamos hablando de agentes estadounidenses vinculados a una operación policial en territorio mexicano.
El punto central no es si debe investigarse. Claro que debe investigarse. Si hubo agentes extranjeros participando sin autorización, si sus acreditaciones no estaban vigentes o si actuaron fuera de los márgenes permitidos, hay un problema de seguridad nacional. La soberanía no es decorado para mañaneras: se defiende en los hechos, con reglas claras y responsabilidades concretas.
Pero el ruido político aparece cuando se compara la velocidad institucional. Para el caso Rocha Moya, el gobierno federal pide calma, papeles, pruebas, tiempos, sellos y prácticamente que Estados Unidos entregue el expediente con moño antes de actuar. En cambio, cuando el tema es la presencia de la CIA en Chihuahua, ahí sí se activa la alarma, se habla de seguridad nacional y la FGR sale con prisa a llamar a declarar.
Y ahí está la contradicción.
Cuando Washington pide detener provisionalmente a un gobernador morenista acusado en Estados Unidos, Palacio responde con soberanía y debido proceso. Pero cuando Washington aparece metido en un operativo dentro de México, entonces la soberanía se vuelve urgente. El problema no es defenderla. El problema es usarla con selector político.
Porque en Chihuahua hay dos escenarios posibles y los dos son delicados. Si los agentes estadounidenses entraron sin autorización federal, alguien a nivel local abrió una puerta peligrosísima. Si sí tenían autorización, entonces alguien en el gobierno federal no ha contado completa la historia. En ambos casos, la pregunta es la misma: ¿quién sabía y quién permitió que esto ocurriera?
El caso también exhibe una realidad incómoda: Estados Unidos ya no está solamente presionando desde afuera. Cada vez parece más metido en la operación de seguridad mexicana. Y eso obliga a una discusión seria, no propagandística, sobre cooperación, límites, mando, responsabilidades y control civil del territorio.
México puede cooperar con Estados Unidos. De hecho, en materia de crimen organizado transnacional, sería absurdo fingir que no necesita coordinación. Pero cooperación no significa opacidad. Y mucho menos subordinación informal.
La soberanía se defiende igual cuando el acusado incomoda a Morena y cuando la CIA aparece en Chihuahua. Si se invoca solo en un caso y se acelera solo en otro, entonces ya no estamos hablando de principios: estamos hablando de conveniencia.
Y esa es la duda que deja este episodio. No si la FGR debe investigar. Debe hacerlo.
La duda es por qué unas urgencias caminan en turbo… y otras se estacionan justo cuando afectan a Palacio.










