El primer caso en la capital fue detectado en un perro de Topilejo. Aunque autoridades lo consideran aislado, México ya suma miles de casos en animales y varios estados están reforzando cercos sanitarios.
El primer caso de gusano barrenador en la Ciudad de México no debe leerse como una anécdota rara ni como una curiosidad veterinaria. Sí, fue detectado en un perro en Topilejo, Tlalpan, y las autoridades han dicho que por la altura y el clima podría tratarse de un caso aislado. Pero el dato importante es otro: el gusano barrenador ya no está lejos. Ya tocó la capital.
Y cuando una plaga llega a una ciudad del tamaño de CDMX, aunque sea con un solo caso, la vigilancia debe tomarse en serio. No se trata de provocar pánico, sino de entender que el problema ya venía creciendo en varias regiones del país.
A nivel nacional hay más de mil 600 casos activos en animales. Los más afectados son los bovinos, pero también hay cientos de casos en perros. Desde noviembre de 2024, México acumula más de 23 mil casos confirmados. Los estados con más registros son Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Yucatán y Tabasco. Hidalgo también prendió alertas tras reportar 40 casos nuevos en apenas cuatro días, con presencia en decenas de municipios. Y en Coahuila, después de detectar su primer caso, las autoridades incluso comenzaron a liberar moscas estériles para frenar el avance de la plaga.
Sí, suena extraño: combatir moscas con moscas. Pero es una técnica real. Al liberar insectos estériles, se busca cortar el ciclo reproductivo del gusano barrenador y evitar que la plaga siga avanzando. El problema es que cuando se llega a ese tipo de medidas, significa que la vigilancia ya no puede ser de escritorio.
El gusano barrenador afecta principalmente al ganado, pero también puede infectar mascotas e incluso humanos si hay heridas abiertas. La mosca deposita huevecillos en una lesión y las larvas empiezan a alimentarse de tejido vivo. Por eso su nombre no exagera: literalmente invade heridas y puede causar daño severo si no se atiende a tiempo.
El caso del perro en Topilejo muestra algo importante: no solo los ganaderos deben estar atentos. También los dueños de mascotas. Una herida con mal olor, secreción, dolor raro o presencia de larvas no debe dejarse “a ver si se cura sola”. Debe revisarla un veterinario de inmediato.
Aquí la responsabilidad es doble. Las autoridades deben reforzar vigilancia, reportes, cercos sanitarios y comunicación clara. Pero la ciudadanía también debe dejar de minimizar lesiones en animales. Una plaga de este tipo no se controla con indiferencia ni con remedios caseros.
La buena noticia es que se puede tratar y se puede contener. La mala es que necesita reacción rápida.
No hay que entrar en pánico. Pero tampoco hacer como si el primer caso en CDMX fuera cualquier cosa.
Porque este bicho no necesita invitación.
Solo necesita una herida abierta y que nadie la atienda.






