La FIFA terminará su histórica alianza con Panini después del Mundial 2030. A partir de 2031, Topps tomará el control de los coleccionables oficiales y una tradición de más de 60 años empezará a despedirse.
El fin de la alianza entre FIFA y Panini no es solo una noticia de licencias comerciales. Es un golpe directo a la nostalgia futbolera. Porque para varias generaciones, el Mundial no empezaba con el partido inaugural: empezaba cuando salía el álbum, cuando comprabas el primer sobre y cuando aceptabas que ibas a gastar más de lo razonable intentando completar una colección que siempre parecía esconderte las estampas importantes.
Panini fue parte de la educación sentimental del futbol. Enseñó países, escudos, jugadores imposibles de pronunciar y, de paso, las primeras lecciones de economía informal: intercambio, escasez, negociación y frustración. El clásico “lo tengo, lo tengo, no lo tengo” era más que una frase; era un sistema financiero de recreo.
Por eso la salida de Panini duele. FIFA apuesta por Topps y Fanatics, una alianza más moderna, más global y seguramente más rentable. Habrá nuevos formatos, cartas especiales, coleccionables premium y productos pensados para un mercado que ya no vive solo en el papel, sino también en lo digital y lo exclusivo.
Pero el riesgo está en perder lo simple. El encanto del álbum Panini era justamente ese: abrir sobres, pegar estampas, equivocarte tantito, presumir repetidas y perseguir la última figura como si fuera misión de vida. No era perfecto, era caro y a veces frustrante, pero era parte del ritual mundialista.
El Mundial 2030 será entonces más que un torneo. Será la despedida de una era. La última vez que millones abrirán un álbum Panini oficial de la Copa del Mundo sabiendo que ese gesto, tan común y tan infantil, ya no volverá igual.
FIFA puede cambiar de marca, modernizar el negocio y vendernos una nueva experiencia. Pero hay cosas que no se reemplazan tan fácil. Porque Panini no solo vendía estampas: vendía espera, emoción, infancia y memoria.
A partir de 2031, los coleccionables podrán ser más tecnológicos, más caros o más exclusivos. Pero difícilmente tendrán ese olor a sobre recién abierto y esa ansiedad hermosa de no saber si por fin salió la estampa que faltaba.
Se acaba Panini en los mundiales. Y con eso, una parte del futbol también se vuelve recuerdo.










