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Cuando el pueblo pide auxilio y Morena responde con vueltas

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La crisis en Chilapa exhibe una contradicción incómoda: Morena exige responsables cuando gobierna la oposición, pero cuando la violencia golpea un estado gobernado por su propio movimiento, la respuesta se vuelve evasiva, abstracta y burocrática.

La pregunta era directa: qué dice Morena sobre los pobladores de Chilapa, Guerrero, que han pedido ayuda ante la violencia de Los Ardillos. La respuesta pudo haber sido clara, humana y contundente. Pero en lugar de eso apareció la clásica gimnasia política: frases generales, responsabilidad diluida y la cómoda salida de decir que “el Estado” está obligado a garantizar seguridad.

Y sí, claro que el Estado está obligado. Eso no está en discusión. El problema es que en política esa palabra no puede usarse como escondite. El Estado no es una nube. No es una oficina imaginaria. No es una entidad sin rostro que aparece cuando conviene y desaparece cuando hay que asumir costos. En Guerrero gobierna Morena. En el país gobierna Morena. Y si hay comunidades pidiendo auxilio, entonces la responsabilidad también tiene nombre, partido y estructura de poder.

Chilapa no vive una crisis menor. Las comunidades han denunciado miedo, violencia, abandono y la presencia de grupos criminales que condicionan la vida cotidiana. Cuando una población llega al punto de pedir ayuda fuera del país, el mensaje es brutal: sienten que las instituciones mexicanas no están llegando, no están alcanzando o no están respondiendo con la fuerza necesaria.

Por eso la evasiva duele más. Porque no se trata de un debate de escritorio ni de una grilla más entre partidos. Se trata de familias que viven con miedo y que no necesitan discursos abstractos. Necesitan presencia, protección, investigación, resultados y una autoridad que hable de frente.

La contradicción es evidente. Cuando el problema ocurre en un estado gobernado por la oposición, Morena suele encontrar responsables de inmediato. Pide investigaciones, renuncias, juicios políticos, desafueros y explicaciones públicas. Pero cuando la violencia golpea un territorio gobernado por su propio movimiento, el discurso cambia. Todo se vuelve complejo. Todo es estructural. Todo viene de atrás. Todo es culpa de “el Estado”.

Esa doble vara desgasta. Porque gobernar no es señalar solo cuando conviene. Gobernar es hacerse cargo, incluso cuando el problema incomoda, incluso cuando salpica al propio partido, incluso cuando la realidad rompe el relato.

Ariadna Montiel pudo decir que Morena exige atención inmediata, que el gobierno federal y estatal deben rendir cuentas, que las comunidades no pueden quedar solas y que la seguridad en Guerrero necesita resultados urgentes. Pero no. La respuesta quedó atrapada en la fórmula de siempre: no decir demasiado para no comprometer demasiado.

Y mientras la política calcula palabras, la gente sigue esperando seguridad.

Chilapa no necesita maromas. No necesita frases huecas. No necesita que le expliquen que “el Estado” tiene obligaciones.

Eso ya lo sabe.

Lo que necesita es que quienes gobiernan dejen de esconderse detrás de conceptos y empiecen a responder como autoridad.

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