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La Liguilla y la ventaja que siempre divide

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Chivas y Pumas pueden avanzar empatando el global por su posición en la tabla. Para unos es justicia deportiva; para otros, una regla que le quita drama real a la cancha.

La Liguilla mexicana tiene una habilidad especial: convertir una regla conocida por todos en pleito nacional cada seis meses. Ahora el debate vuelve con fuerza porque Chivas y Pumas llegan a semifinales con ventaja deportiva por su posición en la tabla. Si empatan el global, avanzan. Y como siempre, la afición se parte en dos.

Por un lado están quienes defienden la regla. Y tienen un punto: si un equipo hizo mejor torneo durante 17 jornadas, algo debe valerle. No puede ser lo mismo cerrar arriba, ser constante, sumar más puntos y luego llegar a la Liguilla sin ningún beneficio real. En ese sentido, la ventaja por posición premia la regularidad. Es una forma de decir: la fase regular sí importa.

Pero del otro lado están los que sienten que la Liguilla debería ser una guerra limpia de ida y vuelta: gana el que meta más goles y punto. Sin calculadora, sin “me alcanza con empatar”, sin premio escondido por lo que pasó antes. Para ellos, si estás en semifinales, ya todos deberían jugar bajo las mismas reglas. Porque en teoría esto ya no es torneo regular: es eliminación directa.

Y ahí está lo sabroso del asunto. La Liga MX vive de esa contradicción. Quiere premiar la tabla, pero también vender drama. Quiere justicia deportiva, pero también espectáculo. Quiere que los primeros lugares tengan recompensa, pero no que la serie pierda tensión. Y por eso cada empate se convierte en debate nacional.

Chivas llega con ventaja ante Cruz Azul después del 2-2 en la ida. Eso significa que al Rebaño le sirve ganar o empatar en la vuelta para meterse a la final. Cruz Azul, en cambio, necesita ganar sí o sí. Y ahí aparece el ingrediente emocional: la Máquina no solo juega contra Chivas, también juega contra su propia historia de sufrimiento. Cada semifinal para Cruz Azul parece venir con terapia incluida.

Del otro lado, Pumas llega como líder general y también tiene esa ventaja si empata el global contra Pachuca. Pero ojo: Pachuca viene calladito, sin tanto ruido mediático, después de eliminar al bicampeón Toluca. Y en la Liguilla mexicana, los equipos que llegan sin tanto reflector suelen ser los que terminan arruinando la fiesta.

Lo curioso es que esta vez los cuatro semifinalistas fueron los cuatro mejores del torneo regular. Algo raro en una liga donde la tabla a veces parece sugerencia y no destino. Así que, por una vez, la Liguilla no se volvió fiesta de colados. Llegaron los que mejor lo hicieron.

La pregunta es si eso hace más justa la ventaja… o más frustrante para quienes quieren que todo se decida solo en la cancha.

Porque al final, la Liguilla no solo se juega con goles.

También se juega con memoria, reglas polémicas y aficionados listos para pelearse en comentarios.

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