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Carreteras federales: entre el crimen, la multa y la mordida

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La Guardia Nacional ya puede multar, detener vehículos y mandar unidades al corralón en carreteras federales. El problema es que la medida llega justo cuando transportistas denuncian robos, extorsiones y una autoridad que no siempre los protege.

Hoy manejar en carretera en México ya parece una ruleta rusa. Te puede parar el crimen, te puede parar la Guardia Nacional y, si tienes mala suerte, te cobran los dos. Esa es la contradicción brutal detrás de la nueva reforma al Reglamento de Tránsito en Carreteras y Puentes de Jurisdicción Federal.

Con los cambios publicados en el Diario Oficial de la Federación, la Guardia Nacional se convierte en la autoridad principal del tránsito federal. Ahora puede revisar documentos, detener vehículos, imponer multas, ordenar grúas, mandar unidades al corralón y aplicar pruebas de alcohol o drogas. En papel, suena como una medida para poner orden. En la realidad mexicana, despierta una pregunta mucho más incómoda: ¿más facultades significan más seguridad o más pretextos para detener conductores?

El problema no está en que existan reglas. Las carreteras necesitan vigilancia, controles y sanciones para quienes manejan de forma irresponsable. Nadie está diciendo que el tránsito federal deba ser tierra sin ley. El punto es que esta reforma llega en medio de una crisis de confianza. Los transportistas llevan meses denunciando asaltos, robos de carga y extorsiones en las rutas más peligrosas del país.

Solo en los primeros meses de 2026, organizaciones del sector reportaron más de 200 asaltos al transporte de carga. También han advertido que en México ocurre un robo a camión cada 50 minutos. Es decir, mientras el gobierno amplía las facultades de la Guardia Nacional para multar, los traileros siguen preguntando algo básico: ¿quién los está cuidando del crimen?

Ahí está el fondo del asunto. Para muchos transportistas, el problema no es solo el asalto. También son los retenes, las revisiones arbitrarias, las amenazas de corralón y las mordidas. Desde hace años, parte del gremio acusa que algunos elementos los detienen con cualquier pretexto y los presionan para pagar. Ahora esa misma corporación tendrá más control sobre grúas, infracciones y sanciones.

La medida, entonces, puede tener dos caminos. Uno positivo: que realmente sirva para ordenar las carreteras, reducir accidentes, vigilar mejor y castigar abusos. O uno muy mexicano: que se convierta en una nueva herramienta de presión para conductores, transportistas y automovilistas que ya circulan con miedo.

Porque no basta con darle más poder a una autoridad. También hay que vigilar cómo usa ese poder. Si no hay controles internos, cámaras, protocolos claros, denuncias atendidas y castigos reales contra la corrupción, la reforma puede terminar fortaleciendo justo lo que dice combatir.

Los transportistas no están pidiendo permiso para circular sin reglas. Están pidiendo algo mucho más simple: carreteras seguras, vigilancia efectiva, fiscalías que investiguen robos de carga y autoridades que no los traten como cajero automático.

Al final, el mensaje para quienes viajan en carretera es claro: lleva tus documentos, revisa tu vehículo y maneja con cuidado. Pero en este México absurdo, también parece necesario rezar para que no te toque ni el crimen, ni la mordida, ni el retén con ganas de facturar.

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