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Coahuila y la derrota que nadie quiere cargar

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El triunfo priista en Coahuila no solo frenó a Morena en el norte; también abrió una batalla por el relato, donde las denuncias cruzadas pesan casi tanto como los votos.

Coahuila volvió a recordarle a Morena que no todo el país se conquista con la misma receta. En un mapa político donde el partido guinda se acostumbró a avanzar casi por inercia, el norte priista le puso un alto seco, incómodo y simbólico. No fue una derrota cualquiera: fue una derrota en el único estado con elección este año, en uno de los últimos bastiones reales del PRI y justo cuando Morena intenta reorganizar su maquinaria rumbo a 2027.

Por eso el golpe pesa más de lo que algunos quisieran admitir. El PRI puede presumir estructura, territorio y una victoria amplia. Morena, en cambio, salió con una narrativa defensiva: denuncias de compra de votos, listas, dinero, códigos QR y una supuesta operación para favorecer al tricolor. El problema es que el PRI también acusó a operadores ligados a Morena de andar en lo mismo. Al final, la elección terminó convertida en una escena muy mexicana: todos dicen defender la democracia, pero todos señalan al otro con la bolsa de efectivo en la mano.

Y en medio de todo aparece Andy López Beltrán. Oficialmente dejó la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación federal por Tabasco. Esa es la explicación formal. Pero en política, los tiempos también comunican. Su salida ocurrió antes de una elección que ya se veía cuesta arriba para Morena, y sus críticos no tardaron en construir la imagen perfecta: Andy vio venir el golpe y prefirió no estar en la foto del naufragio.

Esa lectura puede ser injusta, pero es políticamente poderosa. Porque cuando una elección sale mal, alguien tiene que cargar con el costo. Y si el responsable de la organización nacional se fue justo antes, la pregunta se vuelve inevitable: ¿se trató de una decisión personal o de una retirada estratégica?

Para Ariadna Montiel, el arranque tampoco es sencillo. Recibir una operación electoral en un terreno hostil, frente a una estructura priista fuerte y con una militancia morenista que no terminó de consolidarse localmente, no era una tarea menor. Pero en política los matices casi nunca sobreviven al marcador. Y hoy el marcador dice que Morena perdió, que el PRI resistió y que Coahuila sigue siendo una muralla difícil de derribar.

Lo grave no es solo quién ganó. Lo grave es que una elección local terminó manchada por acusaciones cruzadas de compra de votos. Si Morena tiene pruebas, debe llevarlas hasta las últimas consecuencias. Si el PRI acusa a Morena de lo mismo, también debe demostrarlo. Porque no puede ser que cada elección cerrada o incómoda termine convertida en un concurso de videos, sobres, listas y denuncias al vapor.

Coahuila deja dos mensajes. Al PRI, que todavía tiene vida donde conserva estructura. A Morena, que no basta con marca nacional para ganar territorios difíciles. Y a la ciudadanía, el mensaje más triste: cuando todos acusan compra de votos, la democracia no sale fortalecida; sale embarrada.

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