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El Mundial del cobro abusivo

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México se prepara para recibir al mundo, pero entre taxis carísimos, ciclotaxis sin claridad y precios filtrados de estadio, la verdadera prueba no será solo deportiva: será de decencia.

El Mundial debería ser una fiesta. Una postal de país anfitrión, calles llenas, camisetas, idiomas mezclados y estadios vibrando. Pero antes de que el balón ruede con fuerza, ya apareció otro partido incómodo: el del cobro abusivo.

El caso del turista japonés que denunció un cargo de casi 13 mil pesos por un viaje de taxi de apenas cinco minutos es más que una anécdota viral. Es una alerta. Porque no hablamos de una propina mal calculada ni de una tarifa dinámica por alta demanda. Hablamos de una cantidad que, para cualquier persona razonable, suena a abuso. Ni que el taxi hubiera incluido hospedaje, comida, traductor y boleto para la final.

El problema es que este tipo de historias no se quedan en una publicación de redes. Viajan. Se traducen. Llegan a Japón, a Estados Unidos, a Europa y a cualquier país que esté pensando venir a México. Y ahí es donde el daño se vuelve más grande: porque no solo pierde el turista, pierde la imagen del país.

A esto se suman las denuncias por ciclotaxis y bicitaxis en zonas turísticas de la Ciudad de México, donde usuarios han señalado tarifas elevadas por trayectos cortos. El servicio puede ser útil, pintoresco y hasta necesario en ciertas zonas, pero sin reglas claras, tarifas visibles y supervisión real, se convierte en terreno perfecto para el “ahorita vemos cuánto le saco”.

Y luego está el otro frente: los precios mundialistas. Circularon supuestos menús con papitas en 200 pesos, agua en 80 y cervezas de hasta 300. Es importante decirlo: no son precios confirmados oficialmente. Pero la sola posibilidad encendió el debate porque conecta con una sensación muy real: asistir a un partido ya no cuesta solo el boleto. Cuesta el traslado, la comida, la bebida, el estacionamiento, la reventa, el souvenir y, si te descuidas, hasta la respiración con cargo extra.

México tiene una oportunidad histórica. Millones de ojos estarán puestos aquí. Pero recibir turistas no significa verlos como cajeros automáticos con pasaporte. El turismo deja dinero, sí, pero también deja reputación. Y una mala experiencia puede pesar más que mil campañas de promoción.

No se trata de atacar a todos los taxistas, ciclotaxistas o comerciantes. Muchísima gente trabaja bien, cobra justo y entiende que el Mundial puede ser una gran oportunidad. Precisamente por ellos, los abusos deben frenarse. Porque unos cuantos gandallas pueden ensuciar el trabajo de miles.

El Mundial no solo se juega en la cancha. También se juega en el aeropuerto, en el taxi, en el Zócalo, en la fila del estadio y en la terminal de pago.

Y si México quiere ganar como anfitrión, no basta con meter goles. Hay que evitar que al turista le metan la mano en la cartera.

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