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La derecha ruge en Colombia y Sheinbaum guarda silencio

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Abelardo de la Espriella va arriba en Colombia con una elección cerradísima. Trump, Milei y otros líderes de derecha ya celebraron. Sheinbaum, en cambio, decidió esperar. Y en política, hasta el silencio tiene ideología.

Colombia acaba de mover una pieza clave en el tablero latinoamericano. Abelardo de la Espriella, abogado, millonario, derechista, mediático y apodado “El Tigre”, se perfila como ganador de la elección presidencial frente a Iván Cepeda, el candidato de izquierda que buscaba mantener vivo el proyecto político que abrió Gustavo Petro.

Pero esta no fue una victoria cómoda. Fue una elección cerradísima, de esas que no sólo dividen votos, sino países. La diferencia ronda los 250 mil sufragios, menos de un punto porcentual, y el bloque de Cepeda ya anunció impugnaciones en miles de mesas. Es decir: De la Espriella celebra, la derecha continental aplaude, pero la izquierda todavía no quiere soltar la calculadora.

Y en medio de eso aparece la pregunta: ¿Sheinbaum ya lo felicitó?

No.

La presidenta de México dijo que esperará el conteo definitivo antes de felicitar oficialmente a quien gane. Formalmente, tiene lógica diplomática. Políticamente, también tiene lectura. Porque felicitar rápido a De la Espriella sería reconocer, sin anestesia, que la izquierda latinoamericana perdió una casilla enorme.

Trump no esperó tanto. Marco Rubio tampoco. Milei, fiel a su estilo de espectáculo político, salió con el rugido: el león y el tigre en América Latina. También celebraron figuras de derecha como Daniel Noboa, José Antonio Kast, Laura Fernández Delgado, Rodrigo Paz y otros actores del bloque conservador regional.

Y ese es el dato importante: Colombia no sólo eligió presidente; mandó una señal continental.

Hace unos años, la izquierda parecía vivir una segunda primavera en América Latina. México con Sheinbaum después de AMLO, Colombia con Petro, Brasil con Lula, Chile con Boric. Pero el viento cambió. La derecha empezó a ganar con discursos de seguridad, enojo contra el crimen, hartazgo económico y rechazo a gobiernos progresistas que prometieron mucho y administraron una realidad más difícil de lo que imaginaban.

De la Espriella entendió ese clima. Su campaña no fue tímida: mano dura, estilo provocador, redes, espectáculo, crítica frontal al legado de Petro y promesas de seguridad implacable. Más que un candidato tradicional, se vendió como personaje. Y en esta época, a veces el personaje gana antes que el programa.

La izquierda, mientras tanto, enfrenta una pregunta incómoda: ¿la están derrotando las derechas o sus propios pendientes? Inseguridad, inflación, desgaste, promesas incumplidas y una narrativa que muchas veces suena más moral que efectiva.

Por eso el silencio de Sheinbaum pesa. No porque México tenga que correr a celebrar, sino porque este resultado confirma algo: el mapa regional se está moviendo.

La derecha avanza una casilla.
La izquierda pierde otra.

Y ahora la pregunta no es sólo qué pasa en Colombia.

La pregunta es para toda América Latina: ¿esto es un giro ideológico real o sólo un voto de castigo?

¿Ustedes de qué lado están: derecha o izquierda?

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