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Ley seca por el México-Chequia

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La Ciudad de México decretó ley seca en calles del Centro durante el partido entre México y Chequia, una medida que revela el tamaño del reto que enfrenta la capital durante el Mundial 2026: celebrar sin perder el control del espacio público. La restricción suspende la venta de bebidas alcohólicas para llevar desde las 15:00 horas del 24 de junio hasta las 07:00 horas del día siguiente, en zonas estratégicas donde suelen concentrarse aficionados y visitantes.

La decisión aplica para tiendas de conveniencia, supermercados, abarrotes y establecimientos similares dentro del perímetro definido por las autoridades capitalinas. La prohibición incluye bebidas alcohólicas de cualquier graduación, aunque mantiene excepciones para restaurantes, hoteles, clubes privados, salones de fiestas, teatros, cines y auditorios, siempre que el consumo ocurra dentro del local y acompañado de alimentos.

El objetivo oficial es preservar el orden público, facilitar la movilidad peatonal y vehicular, y prevenir conductas que puedan alterar la convivencia durante las actividades relacionadas con el partido. En otras palabras, el gobierno busca evitar que la euforia futbolera se convierta en caos urbano. No se trata de cancelar la fiesta, sino de reducir el margen para que el consumo descontrolado de alcohol derive en daños, accidentes o aglomeraciones peligrosas.

La medida llega después de celebraciones masivas por el triunfo de México ante Corea del Sur, cuando cientos de miles de personas tomaron puntos emblemáticos de la ciudad, especialmente Paseo de la Reforma y el Ángel de la Independencia. Aunque el gobierno reportó saldo blanco, también se registraron escenas de basura acumulada, consumo de alcohol en vía pública, daños menores y comportamientos de riesgo, como personas subidas a estructuras urbanas y paradas de transporte.

Ese antecedente explica el endurecimiento. La capital no puede darse el lujo de improvisar durante un Mundial. Con millones de personas pendientes de la Selección, visitantes nacionales e internacionales, pantallas públicas, eventos gratuitos y zonas turísticas saturadas, cualquier falla de control puede escalar rápido. La ley seca funciona como una herramienta preventiva para reducir presión sobre policías, servicios de emergencia y personal de limpieza.

También habrá regulación al comercio en vía pública, especialmente contra la venta ambulante de alcohol. Este punto es clave porque buena parte del consumo masivo durante celebraciones no ocurre dentro de bares o restaurantes, sino en la calle, donde se venden cervezas, botellas y bebidas preparadas sin control sanitario, sin regulación de horarios y sin responsabilidad directa sobre lo que ocurre después.

El operativo también incluye 48 puntos gratuitos para ver el partido en distintas zonas de la ciudad, además del despliegue de miles de elementos de seguridad. La estrategia busca descentralizar los festejos y evitar que todos los aficionados lleguen a los mismos puntos tradicionales. Si funciona, puede ayudar a reducir aglomeraciones en Reforma, el Zócalo y el Ángel, espacios que suelen convertirse en centros naturales de celebración futbolera.

La lectura política es clara: el gobierno capitalino quiere mostrar que puede organizar una fiesta mundialista sin que la ciudad quede rebasada. Ese equilibrio no es sencillo. El Mundial genera turismo, consumo, identidad y emoción colectiva, pero también pone a prueba movilidad, seguridad, comercio, limpieza, transporte público y convivencia vecinal.

La ley seca puede generar críticas de comerciantes y ciudadanos que la consideren excesiva, especialmente porque no prohíbe el consumo en restaurantes o bares, sino la venta para llevar. Sin embargo, la autoridad parece apostar por una restricción focalizada: no cerrar la actividad económica formal, pero sí limitar el consumo callejero que suele complicar operativos y festejos masivos.

El reto será aplicar la medida sin arbitrariedades. No basta publicar una prohibición; se necesita vigilancia clara, información suficiente y criterios parejos para comercios formales, vendedores ambulantes y asistentes. Una medida de orden solo funciona si se percibe como prevención, no como castigo selectivo.

La Ciudad de México vive el Mundial como sede, escaparate y punto de reunión. Cada partido de México será una prueba de gobernabilidad urbana. La ley seca durante el México-Chequia muestra que la capital aprendió de los primeros festejos y busca anticiparse al desborde.

El mensaje de fondo es simple: la fiesta puede seguir, pero bajo reglas. En una ciudad donde el futbol mueve multitudes, la verdadera victoria no solo estará en la cancha, sino en lograr que la celebración termine sin violencia, sin daños y sin que el entusiasmo colectivo se convierta en otro problema para la ciudad.

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