Pemex puede discutir si los barriles fueron robados, mal medidos o registrados en otra etapa del proceso. Lo que no puede hacer es tratar una diferencia de esta magnitud como si fuera un error de caja menor.
En cualquier negocio, si el inventario dice que entraron doce productos, pero al final solamente aparecen once, alguien debe explicar dónde quedó el faltante. En Pemex, sin embargo, hablamos de petróleo, miles de millones de pesos y una empresa que lleva décadas recibiendo dinero público. El reporte difundido este 16 de julio señala inconsistencias cercanas a **138 mil barriles diarios**, equivalentes aproximadamente a uno de cada doce barriles producidos.
La palabra “desaparecer” incomoda a Pemex. Es comprensible: suena a robo, corrupción o huachicol. La empresa ha rechazado que diferencias anteriores —de alrededor de 100 mil barriles diarios— puedan atribuirse automáticamente a una sustracción ilegal. Pero el desmentido tiene una trampa discursiva: negar que todo sea robado no explica dónde está el petróleo.
Porque los barriles no son calcetines dentro de una lavadora. No deberían perderse entre una plataforma, una terminal, un ducto, una refinería y una hoja de Excel sin dejar rastro. Cada barril extraído tendría que ser medido, transportado, almacenado, procesado o vendido. Si las cifras de una etapa no coinciden con las de la siguiente, la respuesta no puede limitarse a: “no desaparecieron”.
Entonces, ¿qué ocurrió? ¿Los medidores fallan? ¿Las plataformas reportan de más? ¿Las refinerías reciben de menos? ¿Existen pérdidas operativas que nadie ha transparentado? ¿Hay errores administrativos repetidos durante meses? ¿O hay combustible que termina fuera de los registros oficiales?
Cualquiera de esas opciones sería grave.
Si se trata de una falla de medición, significa que la empresa petrolera más importante del país no puede determinar con precisión cuánto produce. Si es un problema administrativo, implica que sus controles internos son incapaces de seguir un recurso estratégico. Si existen pérdidas físicas, tendría que conocerse su origen. Y si una parte fue desviada, entonces ya no hablamos de desorden, sino de posibles delitos.
Pemex reporta una producción aproximada de 1.67 millones de barriles diarios de crudo y condensados. Dentro de esa escala, 138 mil barriles pueden parecer solamente una fracción. Pero convertir una anomalía gigantesca en porcentaje es una vieja técnica: cuando la cantidad escandaliza, se esconde dentro de una cifra todavía más grande.
El problema no es únicamente que “falte” uno de cada doce barriles. El problema es que nadie parece tener que asumir la responsabilidad por no poder seguirles la pista.
Pemex no necesita otro comunicado indignado. Necesita una conciliación pública de sus cifras: cuánto salió de los pozos, cuánto llegó a las terminales, cuánto se envió a las refinerías, cuánto se exportó, cuánto se perdió técnicamente y quién firmó cada registro.
Porque el petróleo podrá estar bajo tierra, dentro de un ducto o almacenado en una terminal. Lo que no puede hacer es evaporarse justo cuando llega la hora de rendir cuentas.


