back to top

Cuando la extorsión se convierte en un impuesto administrado por el miedo

Date:

Comparte en tus redes

El caso de diez víctimas en Zacatecas muestra que la presión criminal alcanza cada vez más a empresarios, trabajadores y funcionarios locales.

En Zacatecas, la extorsión dejó de parecer un delito clandestino y comenzó a operar como un impuesto: tiene cuota, castigo, intermediarios y una autoridad paralela que decide quién puede trabajar. La diferencia es que aquí el recibo se entrega mediante el miedo.

Diez hombres fueron localizados sin vida en distintos puntos del estado. Entre ellos había empresarios, un productor ganadero, un abogado, un expresidente municipal, funcionarios y un bombero. La selección de las víctimas cambia la lectura del caso. No se trataba únicamente de personas vinculadas con disputas entre organizaciones criminales, la imagen con la que durante años se intentó encapsular la violencia. Eran actores de la economía y la vida pública local.

La Fiscalía de Zacatecas concentra una de sus líneas en la extorsión y también revisa una posible colusión de servidores públicos. Esa combinación revela el verdadero tamaño del problema. Una organización puede amenazar a un empresario; para cobrar durante meses, conocer contratos, ubicar movimientos y anticipar operativos necesita información, protección o silencios dentro de las instituciones.

Hace años, la exhibición de cuerpos y los mensajes públicos se asociaban principalmente con guerras entre cárteles. Ahora el método aparece ligado al control de ferias, obras, comercios, transporte y producción agropecuaria. El objetivo ya no es solamente eliminar al rival. También es disciplinar a una comunidad: enseñar qué ocurre cuando alguien no paga, no coopera o intenta operar fuera del permiso criminal.

Las autoridades desplegaron cientos de elementos y aeronaves después de los hechos. La fuerza visible cumple una función inmediata, pero también exhibe una vieja secuencia mexicana: primero aparece el crimen con información precisa; después llega el Estado con convoyes, patrullas y fotografías. La prevención casi nunca ofrece imágenes tan espectaculares, porque consiste en seguir flujos financieros, proteger denunciantes, revisar contratos, intervenir teléfonos y detectar patrimonios inexplicables.

El debate sobre si estas organizaciones deben llamarse terroristas suele concentrarse en las consecuencias diplomáticas de la palabra. En Zacatecas, la discusión semántica quedó rebasada por el método. Cuando una acción busca sembrar miedo colectivo para controlar decisiones económicas y sociales, el terror ya funciona aunque los gobiernos prefieran otra etiqueta jurídica.

La extorsión es uno de los delitos más difíciles de medir porque muchas víctimas pagan antes de denunciar. Cada negocio que deposita una cuota para evitar represalias desaparece de las estadísticas y entra en una contabilidad paralela. Por eso diez víctimas pueden ser el episodio visible de una estructura mucho más amplia.

Zacatecas no enfrenta solamente una cadena de ataques. Enfrenta la posibilidad de que una parte de su economía ya esté pagando impuestos a dos autoridades: una aparece en el presupuesto público; la otra cobra sin oficina, sin ley y sin aceptar retrasos.

Descubre más desde 1M Noticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo