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Una final, una aeronave militar y dos imágenes opuestas de México

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El viaje de Sheinbaum abrió un debate legítimo sobre seguridad y austeridad, mientras Nueva York sentenciaba a El Mayo Zambada.

Nueva York ofreció a México dos fotografías separadas por unas horas y varios kilómetros. En Nueva Jersey, Claudia Sheinbaum apareció en el palco de la final del Mundial junto a Donald Trump y Mark Carney, como presidenta de uno de los tres países anfitriones. En Brooklyn, Ismael “El Mayo” Zambada recibió cadena perpetua y una orden de decomiso por 15 mil millones de dólares. Una escena vendía coordinación continental; la otra recordaba dónde siguen resolviéndose los grandes expedientes criminales mexicanos.

La presencia de Sheinbaum en la final tenía una lógica diplomática. Trump la invitó, Canadá estuvo representado y el Mundial ofrecía una plataforma informal para hablar de comercio y del futuro del T-MEC. La fotografía no fue únicamente futbolera. En política internacional, los palcos también son salas de negociación, aunque no haya carpetas sobre la mesa.

El traslado abrió otra discusión. La Presidencia había planteado un vuelo comercial, pero las cancelaciones provocadas por el clima cambiaron el plan y se utilizó una aeronave de la Secretaría de la Defensa. La austeridad volvió a convertirse en examen público: para unos, el avión militar contradijo el discurso; para otros, fue la opción lógica para garantizar seguridad, agenda y retorno de una jefa de Estado.

El problema no es que una presidenta viaje en una aeronave oficial. Sería más extraño construir la seguridad nacional alrededor de la disponibilidad de asientos comerciales. El punto político está en la transparencia: costo, protocolo, razones operativas y reglas de uso. La austeridad pierde sentido cuando se transforma en teatro logístico; también lo pierde cuando sirve para justificar cualquier gasto sin explicaciones.

Pero la sentencia de Zambada colocó el viaje en un espejo incómodo. El mismo fin de semana en que México se presentaba como socio estratégico de Estados Unidos, un tribunal estadounidense cerraba la carrera de uno de los criminales más poderosos de la historia mexicana. Zambada admitió décadas de tráfico de drogas, operación criminal y corrupción. Su captura, ocurrida en 2024 bajo circunstancias que México sigue cuestionando, detonó una guerra interna en Sinaloa y dejó abierta la disputa sobre cuánto sabía Washington y cuánto ignoraban las autoridades mexicanas.

No existe un vínculo operativo entre el palco y la corte. La relación es política y simbólica: México comparte la organización del espectáculo, pero Estados Unidos conserva la capacidad de capturar, procesar y sentenciar a los personajes que durante décadas desafiaron al Estado mexicano.

Sheinbaum viajó a una final para representar a un país anfitrión. El Mayo llegó a Nueva York para escuchar el final de su historia. Las dos imágenes caben en el mismo álbum: México como socio en la fiesta y como proveedor de los acusados en la sala judicial.

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