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TikTok enseña a copiar

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Videos en TikTok ofrecieron métodos para evadir la supervisión del examen de la UNAM; el episodio revela cómo el fraude se convierte en contenido y negocio.

La promesa del tutorial digital era sencilla: cualquier persona podría aprender una habilidad desde su teléfono. Cocinar, reparar un objeto, estudiar matemáticas o mejorar un idioma. El formato terminó demostrando que también puede enseñar a vulnerar procesos públicos. Antes del examen de admisión en línea de la UNAM, usuarios de TikTok difundieron supuestas estrategias para hacer trampa sin ser detectados por los sistemas de vigilancia.

Las recomendaciones incluían esconder un segundo teléfono en un punto ciego, utilizar un audífono cubierto por el cabello, compartir la pantalla mediante Discord para recibir respuestas y colocar una cámara web de 360 grados de manera que otra persona pudiera resolver el examen fuera del encuadre. Un creador sostuvo que la prueba no era una evaluación de inteligencia, sino un trámite, y animó a los aspirantes a hacer lo necesario para aprobar.

No existe evidencia pública de que esos métodos hayan funcionado. Esa precisión evita convertir una fanfarronada digital en manual exitoso. Sin embargo, el daño no depende únicamente de la eficacia. El contenido normaliza la idea de que el ingreso a una universidad pública puede resolverse como un reto para engañar al sistema y convierte la deshonestidad en entretenimiento compartible.

La admisión a la UNAM ocurre en un contexto de alta competencia. Miles de jóvenes buscan un número limitado de lugares y muchos estudian durante meses, pagan cursos o combinan preparación con trabajo. Hacer trampa no perjudica a una institución abstracta: puede desplazar a otro aspirante que cumplió las reglas. La víctima del fraude no aparece en el video, pero existe.

También hay una lectura tecnológica. La universidad trasladó el examen a un entorno digital y utilizó inteligencia artificial y supervisión remota para proteger el proceso. Los aspirantes respondieron intentando localizar puntos ciegos. Es una carrera constante entre control y evasión. Cada nueva herramienta de vigilancia produce técnicas para burlarla, mientras el nivel de intrusión sobre quienes sí cumplen aumenta.

La solución no puede consistir solamente en cámaras más amplias, micrófonos permanentes o algoritmos más agresivos. Un sistema de admisión necesita seguridad, pero también legitimidad y protección de datos. Si la respuesta a cada intento de fraude es vigilar con mayor intensidad a todos, los aspirantes honestos terminan pagando el costo de la conducta de unos cuantos.

TikTok tiene responsabilidad limitada pero real. Las plataformas pueden distinguir entre contenido que explica una vulnerabilidad con fines críticos y publicaciones que incitan a utilizarla. El problema es que la polémica produce retención, comentarios y búsquedas. El video que promete un atajo para entrar a la universidad tiene todos los ingredientes que el algoritmo recompensa.

La frase “es sólo un trámite” resume una degradación cultural. Los procesos públicos dejan de ser reglas comunes y se convierten en obstáculos que cada individuo debe vencer como pueda. Esa lógica no termina al ingresar a la universidad; puede acompañar al estudiante en exámenes, trabajos, servicio profesional y ejercicio laboral.

La UNAM deberá revisar su protocolo y determinar si existieron irregularidades. Pero la discusión rebasa una convocatoria. Una sociedad que celebra al más listo por encontrar la trampa termina desconfiando incluso de quien consiguió su lugar legítimamente. El tutorial prometía enseñar cómo aprobar un examen. En realidad, exhibió cuánto valor estamos dispuestos a quitarle al mérito cuando el fraude viene editado con música y subtítulos.

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