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El celular se queda afuera

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La propuesta federal para regular celulares en las aulas abre una batalla cotidiana: enseñar sin competir cada minuto contra notificaciones, videos y redes sociales.

El debate sobre los celulares en las escuelas ya dejó de ser una discusión entre docentes estrictos y estudiantes que quieren permanecer conectados. El Gobierno de México prepara una propuesta para regular el uso de dispositivos móviles en los planteles, con la intención de presentarla durante agosto y aplicarla alrededor del nuevo ciclo escolar.

La medida llega después de años en los que el teléfono pasó de ser una herramienta ocasional a convertirse en una presencia permanente sobre el pupitre. En una sola pantalla conviven la calculadora, el grupo de la clase, la cámara, el videojuego, el mensaje familiar y una cadena infinita de contenido diseñado para retener la atención. La escuela no compite únicamente contra un aparato: compite contra plataformas que saben exactamente cómo impedir que una persona deje de mirar.

El dato político que facilita la propuesta es el respaldo de buena parte de las familias. De acuerdo con lo difundido sobre la consulta, cerca de siete de cada diez madres y padres apoyarían una regulación. Esto no elimina el conflicto. Muchos hogares también utilizan el celular como mecanismo de seguridad y contacto inmediato con sus hijos, especialmente en ciudades donde los trayectos escolares son largos o inseguros.

La discusión real no debería reducirse a escoger entre prohibición total o libertad absoluta. Una regulación útil tendría que definir momentos, edades, excepciones y responsabilidades. No es lo mismo que un alumno utilice el teléfono para una actividad guiada a que permanezca viendo videos durante la explicación de un tema. Tampoco es razonable exigir que cada docente se convierta en guardia de dispositivos sin reglas claras y respaldo institucional.

El reto estará en la aplicación. Guardar un teléfono durante varias horas parece sencillo hasta que se intenta en grupos numerosos, con normas distintas entre escuelas y familias que esperan respuesta inmediata. La propuesta puede mejorar la concentración, pero también puede fracasar si solamente traslada toda la responsabilidad al maestro.

El nuevo ciclo escolar podría iniciar con una regla aparentemente pequeña que toca uno de los hábitos más fuertes de esta generación. El Gobierno intenta recuperar la atención dentro del salón. Ahora tendrá que demostrar que puede hacerlo sin convertir cada clase en una pelea por el celular.

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