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¿Fantasma o producción?

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Una ouija, un apagón y gritos a las tres de la mañana dieron a La Casa de los Famosos una escena perfecta; los habitantes tardaron poco en sospechar de la cabina.

La Casa de los Famosos todavía no necesitaba una aparición paranormal para producir conversación, pero decidió buscarla. Fede Vigevani reunió a varios habitantes alrededor de una ouija cerca de las tres de la mañana y convirtió el jardín en escenario de una sesión que parecía diseñada para terminar en susto.

Los participantes colocaron los dedos sobre el indicador y comenzaron a preguntar si existía alguna presencia con ellos. La pieza se movió mientras todos aseguraban que no estaban empujándola. La tensión creció y algunos habitantes, entre ellos Aldo Rendón, comenzaron a mostrar incomodidad real.

El momento perfecto llegó cuando pidieron una señal. Las luces se apagaron y comenzaron a escucharse gritos. Durante unos segundos, el programa consiguió exactamente la imagen que buscaba: celebridades encerradas, oscuridad y una supuesta respuesta del más allá.

La explicación terrenal apareció casi de inmediato. Brianda Deyanara y Arantza Ruiz acusaron a la producción de utilizar las bocinas y controlar las luces para asustarlos. En un reality donde cada espacio está cubierto por cámaras, micrófonos y controles técnicos, el fantasma más poderoso siempre será la cabina.

La sospecha no arruinó la escena. Al contrario, la volvió más útil para redes sociales. El público pudo dividirse entre quienes disfrutaron el momento como espectáculo, quienes aseguraron que todo estaba preparado y quienes todavía querían saber quién movió el indicador.

Ese último detalle sostuvo el misterio. Los efectos de sonido y el apagón pueden explicarse desde producción, pero la pieza de la ouija permitió que el juego conservara una pequeña zona de duda. En televisión, una explicación completa suele ser menos rentable que una sospecha compartida.

La secuencia resume el funcionamiento de La Casa: los habitantes crean una situación, la producción la amplifica y las redes hacen el resto. Nadie necesita creer realmente en fantasmas. Basta con que el video provoque miedo, risa y discusión durante varias horas.

Intentaron comunicarse con el más allá. La primera respuesta llegó desde un lugar mucho más cercano: la cabina de producción.

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