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El proveedor que siempre vuelve

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Territorium Life acumuló contratos y experiencia pública, pero el proceso de admisión de la UNAM mostró que la tecnología no reemplaza controles verificables.

Territorium Life llegó a la UNAM con un expediente que parecía suficiente para inspirar confianza. La empresa había trabajado con organismos electorales, universidades y el extinto Consejo de la Judicatura Federal. Una revisión de contratos públicos encontró acuerdos por más de 218 millones de pesos. No era un proveedor improvisado en el papel.

Para 2026, la Universidad pagó alrededor de 68.2 millones de pesos por aplicaciones de exámenes en línea. El contrato establecía controles como reconocimiento facial y de voz, validación continua de identidad, bloqueo de programas, vigilancia con inteligencia artificial y protección de los bancos de reactivos. La plataforma debía convertir la evaluación remota en una bóveda digital.

Los resultados atípicos mostraron que la bóveda tenía puertas. La UNAM documentó patrones compatibles con trampas individuales y colectivas, suspendió trámites y tuvo que diseñar evaluaciones de control. La crisis no se reduce a estudiantes buscando ventajas: incluye a una institución que delegó una tarea crítica y a una empresa que ofreció mecanismos cuyo desempeño debe probarse.

La Oficina de la Abogacía General prepara una reclamación que podría representar entre uno y veinte por ciento del monto máximo del contrato. La sanción oscilaría entre cuatro y veinte millones de pesos según el nivel de incumplimiento. Esa diferencia revela que todavía debe determinarse qué falló: vigilancia, protección de datos, resguardo de reactivos, supervisión o una combinación de todo.

El historial de contratos no debe usarse como certificado automático de calidad. En México, los proveedores públicos pueden acumular experiencia porque una institución toma como referencia que otra ya los contrató. Así se crea un círculo donde el currículum se alimenta del propio Estado, aunque los resultados no siempre sean evaluados con el mismo entusiasmo.

La comparación con el Poder Judicial no implica que todos los servicios hayan fallado. Sí muestra la facilidad con la que una empresa tecnológica puede convertirse en proveedor recurrente de procesos sensibles. Cuando una plataforma interviene en elecciones, justicia o admisiones universitarias, el estándar debe superar una demostración comercial.

Digitalizar no equivale a modernizar. Una mala decisión trasladada a internet sigue siendo una mala decisión, solamente más rápida y costosa. La UNAM quiso evaluar a miles de jóvenes y terminó sometiendo a examen su modelo de contratación.

Territorium prometió veinte candados. La lección es que la confianza pública necesita uno adicional: consecuencias reales cuando la llave no funciona.

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