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El pasajero y el subsidio

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En un trimestre recibió 418 millones de pesos en subsidios y obtuvo alrededor de 118 millones por servicios. La apuesta oficial es que la carga cambie una ecuación financiera todavía deficitaria.

El Tren Maya fue diseñado como infraestructura turística, ferroviaria y de desarrollo regional. En sus cuentas actuales, la parte que más pesa sigue siendo el apoyo público.

Entre abril y junio, la empresa recibió alrededor de 418 millones de pesos en subsidios y transferencias federales. En el mismo periodo, los ingresos por boletos y servicios rondaron los 118 millones.

El balance trimestral mostró una pérdida cercana a 850 millones de pesos. La comparación no significa que un ferrocarril público tenga que producir utilidades inmediatas.

En muchos países, sistemas ferroviarios reciben subsidios porque generan beneficios que no aparecen directamente en el precio del boleto: conectividad, movilidad, turismo, desarrollo regional y reducción de costos logísticos.

El debate surge cuando el nivel de subsidio es muy superior a los ingresos y no existe todavía una ruta clara hacia una operación más sostenible. El Gobierno apuesta al servicio de carga. Esa parte del proyecto puede modificar la ecuación porque el transporte de mercancías mueve volúmenes y contratos muy distintos al servicio de pasajeros.

Si el Tren Maya logra integrarse con puertos, parques industriales y cadenas regionales, sus ingresos podrían crecer de manera relevante Pero esa promesa todavía necesita convertirse en operación. El proyecto también enfrenta costos de mantenimiento de una infraestructura extensa, equipos, estaciones y personal.

Por eso mirar únicamente el número de pasajeros puede producir una evaluación incompleta. La pregunta adecuada es cuánto cuesta generar cada peso de ingreso y cómo evolucionará esa relación durante los próximos años. Los subsidios pueden ser justificables durante una etapa de arranque.

Lo que no puede ser indefinido es el criterio para evaluar resultados. El Gobierno debería establecer metas públicas de ocupación, carga, ingresos, costos y dependencia presupuestaria.

Eso permitiría saber si el proyecto está madurando o simplemente absorbiendo más recursos. El Tren Maya no necesita ser juzgado como una empresa privada. Sí necesita demostrar que el beneficio público que genera guarda una relación razonable con el dinero que consume.

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