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“El T-MEC será por Zoom”

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Alejandro Moreno ironizó con que futuras reuniones del T-MEC podrían ser por Zoom ante cancelaciones de visas; el comentario es propaganda, pero expone inconsistencias en la comunicación de Morena.

Alejandro Moreno entendió algo básico de la comunicación política: una burla funciona mejor cuando el adversario ya preparó el remate. Su comentario sobre que la próxima reunión del T-MEC podría celebrarse por Zoom busca aprovechar las controversias por cancelaciones de visas a figuras vinculadas con Morena. Es evidentemente una provocación. También es una simplificación. Una visa estadounidense no es un certificado de inocencia, honestidad o capacidad política. Estados Unidos puede cancelar permisos migratorios por múltiples razones y no siempre hace pública la explicación. Además, perder una visa no equivale a recibir una acusación penal. Ese contexto es indispensable. Pero Morena ha comunicado mal el tema. Cuando comenzaron versiones sobre cancelaciones, distintas voces intentaron minimizar o negar casos. Después algunas personas reconocieron públicamente que sí habían perdido el documento y lo presentaron como un asunto de soberanía o presión política. Esa contradicción alimenta el chiste de Alito. No porque pruebe que los afectados cometieron delitos. Sino porque deja la sensación de que primero se negó un fenómeno y después se denunció como agresión. La oposición vive de esas inconsistencias. Moreno puede exagerar diciendo que el T-MEC terminará por Zoom. Es improbable que una negociación comercial dependa de la situación migratoria de dirigentes partidistas sin funciones formales en la mesa. Pero el comentario sirve para instalar una imagen. Funcionarios mexicanos incapaces de entrar a Estados Unidos mientras el país negocia con Washington. La imagen es más poderosa que la precisión. Por eso Morena debería responder con datos y no con indignación. Quién perdió visa. Quién no. Qué información oficial existe. Qué efecto jurídico tiene. Y qué funcionarios realmente participan en negociaciones bilaterales. La política exterior necesita separar hechos de espectáculo. Estados Unidos también debería asumir responsabilidad por la opacidad de sus decisiones. Cuando cancela visas de figuras públicas sin explicación, deja un vacío que se llena con especulación. Los opositores interpretan la medida como prueba de sospechas. Los aliados la presentan como persecución. Y el público queda sin información suficiente. Alito está aprovechando ese vacío. Eso es política. Morena puede quejarse del tono, pero le convendría revisar por qué el chiste encontró terreno fértil. Una buena comunicación oficial no elimina ataques. Los vuelve menos efectivos. En este caso, la burla funciona porque existen contradicciones previas. La lección es sencilla: cuando un gobierno intenta negar algo que después reconoce parcialmente, entrega a la oposición exactamente lo que necesita. Un meme. Una frase. Y, de vez en cuando, hasta un chiste con buena estructura. Además, la relación bilateral es demasiado importante para reducirla a visas individuales. Comercio, migración, seguridad y cadenas de suministro seguirán negociándose aunque cambien los nombres de los interlocutores. El chiste funciona en redes, pero el gobierno debería evitar responder con dramatismo. Una buena política exterior necesita institucionalidad suficiente para que ningún permiso migratorio personal condicione una relación económica de cientos de miles de millones de dólares. El mejor antídoto para la burla sería información verificable y una estrategia coherente: menos contradicciones públicas y más claridad sobre qué significan realmente estas decisiones migratorias.

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