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El Coyote ya tiene a Profeco

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Profeco se subió a la conversación de Coyote vs. Acme y convirtió décadas de productos fallidos en un chiste perfecto sobre derechos del consumidor.

La respuesta de Profeco a la campaña de Coyote vs. Acme funciona porque toma un chiste de caricatura y lo conecta con algo muy cotidiano: comprar un producto, que falle y preguntarte quién responde. Durante décadas, el Coyote recibió cajas de ACME con cohetes, resortes, trampas y toda clase de aparatos que terminaban explotándole en la cara. La nueva película lleva esa broma a su conclusión lógica: en vez de seguir persiguiendo al Correcaminos, el Coyote demanda a la empresa.

La distribuidora mexicana decidió involucrar a Profeco en la promoción y la institución respondió con humor, invitando al personaje a presentar su queja y recordando que los derechos del consumidor aplican para todos, incluida —según la propia broma— la “fauna consumidora del desierto”.

La reacción es interesante porque demuestra cómo una institución pública puede participar en una conversación viral sin abandonar por completo su función. Profeco existe para orientar a consumidores, conciliar conflictos y exigir que proveedores cumplan obligaciones. La publicación no sustituye información seria, pero sí aprovecha una película popular para recordar que una garantía, una devolución o una reclamación no son favores de una empresa: son derechos cuando se cumplen determinadas condiciones.

También hay algo simbólico en que el Coyote sea el personaje perfecto para esa conversación. Su problema nunca fue únicamente que el Correcaminos fuera más rápido. Era que confiaba ciegamente en productos que prometían resolver todo y casi siempre terminaban fallando de forma espectacular.

Eso se parece bastante a la vida real.

Publicidad exagerada, productos defectuosos, servicios que no cumplen lo anunciado y contratos con letras pequeñas forman parte de la experiencia de muchos consumidores. La diferencia es que nosotros no tenemos que caer de un barranco antes de reclamar.

La película, además, tiene una historia peculiar fuera de la pantalla. Fue terminada, archivada y posteriormente rescatada para estreno, algo que convirtió su lanzamiento en una especie de victoria para quienes querían verla. Ese antecedente hace todavía más simpático que Profeco aparezca ahora defendiendo al Coyote dentro de la conversación.

El reto para las instituciones es encontrar equilibrio.

Sumarse a memes puede acercarlas a públicos jóvenes, pero si todo se convierte en broma, la comunicación pierde utilidad. En este caso, la respuesta funciona porque el chiste tiene relación directa con la tarea de Profeco.

Si después de reírse alguien recuerda que puede presentar una queja cuando un producto falla, la publicación ya consiguió algo más que interacción.

El Coyote probablemente seguirá comprando ACME.

Es parte de su naturaleza.

Pero al menos, después de tantos años, alguien ya le explicó que también existe servicio al cliente.

Y quizá esa sea la verdadera moraleja de la película: perseguir al Correcaminos era difícil, pero enfrentarse a una empresa por un producto defectuoso puede ser todavía más complicado. También sirve para recordar algo básico: las campañas institucionales no tienen que sonar siempre como manual de oficina. Cuando una referencia cultural está bien elegida, puede hacer que una persona joven conozca por primera vez para qué sirve una dependencia y cuándo puede acudir a ella.

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