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Austeridad con filtro

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El debate sobre los lujos de Josefina Rodríguez Zamora no se agota en quién pagó los relojes: alcanza la forma en que el poder administra su imagen pública.

La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, respondió a los señalamientos sobre relojes, joyas, ropa y propiedades asegurando que su patrimonio fue construido antes de ocupar el cargo, que está reflejado en sus declaraciones patrimoniales y que ningún artículo fue adquirido con recursos públicos. Esa explicación es relevante y debe evaluarse con documentos, no con prejuicios sobre cuánto puede gastar una funcionaria.

Tener un reloj costoso no constituye por sí mismo una irregularidad. Una persona que llega al servicio público puede contar con ingresos, negocios familiares o patrimonio previo. El escrutinio legítimo comienza cuando existen dudas sobre la declaración de esos bienes, su procedencia o la posible relación entre el cargo y determinados beneficios. Hasta ahora, la funcionaria niega cualquier uso del erario y no existe una resolución que pruebe lo contrario.

Sin embargo, el reportaje que abrió la discusión apuntó también a un problema de comunicación política: artículos visibles en publicaciones privadas habrían sido borrados o disimulados en fotografías de carácter público. Ese detalle cambia el debate. Si los bienes son legales y están correctamente declarados, ¿por qué esconderlos? La respuesta parece estar en el costo de contradecir la austeridad que Morena convirtió en identidad moral.

La austeridad dejó de ser únicamente una política de gasto. Durante años fue utilizada para separar a un movimiento supuestamente cercano al pueblo de una élite presentada como frívola. Por eso cada vuelo privado, hotel costoso, botella de vino o accesorio de diseñador provoca más ruido entre los integrantes del propio partido que entre otros grupos políticos. No se discute solamente el precio; se discute la coherencia.

El caso aparece además junto a los cuestionamientos por los vuelos privados de Mara Lezama en aeronaves administradas por una compañía vinculada corporativamente con un proveedor de Quintana Roo. La gobernadora afirma que no se emplearon recursos públicos, pero sigue siendo indispensable conocer quién pagó los viajes y bajo qué condiciones. También persiste la discusión sobre empresarios cercanos a Andy López Beltrán que han sido mencionados en investigaciones periodísticas sobre contratos gubernamentales.

El contexto económico vuelve más sensible esa contradicción. La deuda pública amplia alcanzó un máximo nominal de 19.2 billones de pesos y Pemex continúa dependiendo del respaldo estatal mientras su producción permanece debajo de las metas oficiales. Esto no demuestra que un reloj sea responsable de las finanzas nacionales, pero sí explica por qué la puesta en escena de austeridad genera irritación.

El lujo privado puede ser legal. Lo que resulta políticamente costoso es editarlo para sostener una identidad pública distinta. Cuando la austeridad necesita Photoshop, deja de parecer una convicción y comienza a parecer una campaña de imagen.

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