Los Cabos volvió a quedar a merced del agua. Las lluvias intensas y repentinas registradas en Cabo San Lucas provocaron una rápida crecida de arroyos y obligaron a activar un operativo de emergencia para rescatar vehículos, despejar vialidades y contener el riesgo de que la corriente arrastrara unidades hacia la bahía.
La situación más crítica se registró en el arroyo El Salto Seco, particularmente en la zona conocida como Ocho Cascadas, donde cuatro vehículos particulares quedaron atrapados por la fuerza del agua. La corriente creció con rapidez y convirtió un cruce cotidiano en una zona de peligro inmediato.
Para liberar las unidades fue necesario utilizar maquinaria pesada, incluida una retroexcavadora. El objetivo no era solo sacar los vehículos, sino también evitar que la corriente los arrastrara y terminara generando un problema mayor en el cauce. Al mismo tiempo, cuadrillas municipales retiraron arena y sedimentos acumulados para recuperar la vialidad.
El operativo involucró a Protección Civil, Seguridad Pública, Tránsito, Servicios Públicos, Bomberos y personal de la zona federal marítima. También quedaron desplegadas unidades 4×4 para responder en otros puntos donde los escurrimientos seguían activos.
La emergencia no se limitó a los arroyos. En el litoral se colocó bandera negra desde Playa Ocho Cascadas hasta Playa Villas, lo que implica prohibición total para ingresar al mar. La razón es simple: los escurrimientos arrastran sedimentos, basura y corrientes peligrosas que vuelven impredecible el comportamiento de la zona costera.
El impacto también llegó a las escuelas. Este lunes 7 de septiembre se suspendieron clases en todos los niveles educativos en La Paz, Los Cabos y Comondú. Además, se habilitaron cuatro refugios temporales en Cabo San Lucas y San José del Cabo, como medida preventiva ante posibles evacuaciones.
El pronóstico mantiene la preocupación. Para el centro y sur de Baja California Sur se esperan acumulados de lluvia de entre 75 y 150 milímetros, acompañados de vientos sostenidos y rachas que podrían alcanzar los 70 kilómetros por hora. En una región donde los arroyos responden muy rápido, esa combinación puede volver peligroso cualquier cruce en cuestión de minutos.
Y ahí está la parte más delicada: el problema no es solo la lluvia que cae, sino la velocidad con la que el agua baja desde zonas altas y convierte caminos, vados y cauces secos en corrientes violentas. En Los Cabos, esa transformación puede ocurrir en minutos.
La actividad ciclónica reciente sigue aportando humedad a la península, mientras el oleaje elevado y los escurrimientos mantienen presión sobre la infraestructura y la movilidad.
Por ahora, el saldo principal es de cuatro vehículos rescatados y una ciudad bajo vigilancia. Pero el mensaje es claro: en Los Cabos, con lluvia intensa, un arroyo aparentemente tranquilo puede convertirse en trampa en segundos. Y cuando el agua ya empezó a correr, cruzarlo no es valentía. Es jugarle demasiado caro a la corriente.






