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Rocha ya tiene mensaje directo desde la DEA

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El caso Rubén Rocha Moya volvió a subir de temperatura y esta vez el mensaje llegó sin rodeos desde una de las voces más duras del aparato antidrogas estadounidense. Derek Maltz, exdirector de la DEA, pidió públicamente a México que entregue al exgobernador de Sinaloa para que enfrente en Estados Unidos los cargos que pesan sobre él.

La frase fue directa: “México, haz lo correcto”. Con ese tono, Maltz no solo expresó una opinión personal sobre el expediente. También reforzó una narrativa que desde hace meses viene creciendo en Washington: que las acusaciones contra Rocha no son un tema de ruido político ni una disputa diplomática, sino un caso criminal que, desde la óptica estadounidense, debe terminar en un tribunal.

Maltz sostuvo que las imputaciones son “extraordinariamente graves” porque los fiscales estadounidenses acusan a altos funcionarios mexicanos de haberse asociado con el Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de grandes cantidades de droga hacia Estados Unidos a cambio de apoyo político y sobornos. Ese punto vuelve el expediente especialmente tóxico, porque no habla solo de convivencia con el crimen, sino de una posible relación funcional entre poder político y estructura criminal.

Y ahí está el golpe más duro para Rocha. Durante meses, su defensa política se ha apoyado en la idea de que primero deben presentarse pruebas, respetarse el debido proceso y evitar una condena construida desde medios o agencias extranjeras. Maltz, curiosamente, también habló de debido proceso. Pero lo hizo para empujar exactamente en la dirección contraria: que la evidencia se presente, que el juicio ocurra y que Rocha enfrente ese proceso en Estados Unidos.

Eso vuelve mucho más difícil reducir el mensaje a simple propaganda. El exjefe antidrogas no pidió una condena automática. Pidió extradición, proceso judicial y rendición de cuentas. Es una manera mucho más fina de presionar a México, porque toma la bandera del Estado de derecho y la usa contra la propia defensa de soberanía mexicana.

Además, no es la primera vez que Maltz habla así. Semanas atrás ya había dicho que esperaba ver a Rocha enviado a Nueva York y acompañó su mensaje con una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía esposado y custodiado por agentes estadounidenses. Eso mostró que su postura no es ocasional. Está decidido a mantener el caso vivo en la conversación pública y a empujar la idea de que el desenlace natural debe ser la entrega.

Políticamente, el mensaje también aprieta al gobierno mexicano. Porque mientras desde Palacio se insiste en que todo debe hacerse conforme a la ley y sin sometimiento a Washington, del otro lado se construye una narrativa de certeza creciente. Estados Unidos no está diciendo “tal vez”. Está diciendo “entréguenlo y que responda”. Esa diferencia de tono pesa.

Rocha, además, ya no carga únicamente con un expediente. Carga con un contexto envenenado: la elección de 2021 bajo sospecha, el asesinato de Héctor Melesio Cuén reabierto en la conversación pública, señalamientos sobre vínculos políticos con estructuras criminales y una presión estadounidense que no baja, sino que se vuelve más explícita.

Por eso el nuevo mensaje de Maltz importa tanto. No porque él decida una extradición, sino porque confirma que, en sectores clave del aparato antidrogas estadounidense, Rocha ya es visto como una pieza que debería cruzar la frontera para enfrentar cargos.

Y ese cambio de percepción puede ser más peligroso que cualquier declaración aislada. Porque cuando Washington deja de preguntar y empieza a exigir, el margen político de quien está en medio se hace cada vez más pequeño.