El secretario ejecutivo del instituto electoral renunció después de compartir un video de un aspirante de Morena; el episodio ocurre a semanas del proceso local.
La renuncia de Jorge Alberto Zavala a la Secretaría Ejecutiva del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco plantea un problema que va más allá de un mensaje de WhatsApp.
Los organismos electorales no solo necesitan actuar con imparcialidad. También deben evitar conductas que razonablemente generen dudas sobre esa imparcialidad. Zavala compartió un video de promoción de Daniel Casasús, aspirante de Morena a la alcaldía de Centro, y posteriormente explicó que se trató de un error. Cuatro consejeros solicitaron su remoción y finalmente presentó su renuncia.
Es posible que un archivo se comparta por equivocación. Esa explicación no puede descartarse sin evidencia. Sin embargo, el estándar aplicable a un funcionario electoral es especialmente alto porque su trabajo consiste precisamente en garantizar condiciones de equidad entre fuerzas políticas.
El problema no es únicamente el contenido de un video, sino el contexto. Tabasco se aproxima a un proceso electoral y cualquier indicio de preferencia partidista dentro del árbitro puede convertirse en argumento para cuestionar decisiones futuras.
El gobierno estatal sostuvo que no intervino y recordó la autonomía del instituto. Esa separación debe preservarse. Un órgano electoral que dependa políticamente del gobierno o de un partido perdería capacidad para arbitrar conflictos.
La renuncia resuelve el problema inmediato de permanencia del funcionario, pero no elimina la necesidad de revisar cómo se aplican las reglas internas sobre neutralidad y uso de cuentas personales. También sería conveniente transparentar si existieron otros mensajes similares o si efectivamente se trató de un hecho aislado.
La confianza electoral se construye lentamente y puede deteriorarse con rapidez. Por eso, aunque el episodio pueda parecer pequeño frente a problemas mayores, importa. Cuando el árbitro entra a la cancha, nadie debería preguntarse qué camiseta lleva debajo.






