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De activista a jefa de Gobierno

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La jefa de Gobierno participó en Urban20 y retomó un tema que ya defendía como activista en los años ochenta.

La participación de Clara Brugada en el Urban20 de Nueva York produjo una escena política que llamó la atención por el cruce de figuras y por el tema central: vivienda y gentrificación. Antes del viaje, opositores utilizaron en redes la frase “qué bueno que ella sí tiene visa” como comentario sarcástico. Esa expresión forma parte de la disputa política y no fue pronunciada por la propia jefa de Gobierno. Ya en Nueva York, Brugada participó junto con representantes de decenas de ciudades y compartió espacio con Zohran Mamdani, alcalde de la ciudad, quien destacó programas de Ciudad de México como las Utopías y el sistema público de cuidados. Más allá del intercambio de elogios, el contenido del foro toca un problema compartido por las grandes ciudades: la dificultad creciente para que trabajadores y familias puedan vivir cerca de sus lugares de empleo sin destinar una proporción insostenible de sus ingresos a la renta. Nueva York y Ciudad de México tienen mercados inmobiliarios muy distintos, marcos regulatorios diferentes y escalas económicas incomparables, pero comparten presiones derivadas de especulación, inversión, turismo, servicios digitales y desigualdad territorial. El dato histórico aportado por Brugada añade interés: ella contó que ya había estado en Nueva York en 1987 como activista vinculada al derecho a la vivienda. Casi cuatro décadas después regresó como jefa de Gobierno para hablar del mismo tema desde una posición institucional. Esa continuidad puede interpretarse como coherencia temática, aunque también muestra lo persistente que resulta el problema. En política pública, intercambiar experiencias internacionales puede ser útil si después se traduce en medidas concretas adaptadas al contexto local. Las Utopías, los sistemas de cuidados o los programas de vivienda no pueden copiarse mecánicamente de una ciudad a otra. Lo valioso es comparar instrumentos, costos, resultados y errores. Para Ciudad de México, la conversación sobre gentrificación se ha vuelto especialmente intensa en colonias donde aumentan rentas y desplazamiento de residentes. El gobierno capitalino enfrenta el reto de intervenir sin cerrar la ciudad a inversión, turismo o nuevos residentes, y sin utilizar el concepto de gentrificación como explicación única para problemas que también involucran falta de vivienda nueva, regulación deficiente y desigualdad histórica. La visita de Brugada puede generar imágenes y comentarios políticos, pero su relevancia real dependerá de lo que ocurra al volver. Un foro internacional tiene sentido cuando ayuda a mejorar decisiones locales. Si la discusión sobre vivienda permanece en discursos, la ironía será evidente: después de cuarenta años hablando del derecho a vivir en la ciudad, conseguir una renta accesible seguirá pareciendo, como sugiere el propio humor de redes, una forma de ciencia ficción urbana. La visita también tiene un componente de política internacional urbana. Cada vez más alcaldes y jefes de gobierno buscan soluciones fuera de las estructuras nacionales porque problemas como vivienda, movilidad o cambio climático se repiten en distintas metrópolis. Esa cooperación puede ser valiosa, aunque también puede convertirse en escaparate si no se acompaña de evaluaciones y resultados. Para Brugada, el desafío será mostrar que la conversación en Nueva York puede traducirse en políticas medibles en Ciudad de México. La anécdota de la visa funciona en redes; el impacto real se medirá en si las rentas, la vivienda social y los cuidados mejoran para quienes viven en la capital.

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