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PRIMERO 3… AHORA YA SON 8

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Familias relacionan ocho fallecimientos con infecciones detectadas en el hospital del IMSS; aún no se confirma que todos pertenezcan a un mismo brote.

La muerte de ocho bebés vinculados por sus familias con infecciones hospitalarias exige una investigación independiente, rápida y transparente. La secuencia importa: primero se conocieron tres denuncias y después cinco familias adicionales hicieron públicos casos ocurridos entre marzo y septiembre. No se trató de ocho fallecimientos simultáneos, sino de experiencias dispersas que comenzaron a revelar posibles patrones.

El Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS detectó Klebsiella pneumoniae y Candida albicans en su unidad neonatal. Ambos microorganismos pueden causar infecciones graves en pacientes vulnerables, especialmente recién nacidos prematuros o con procedimientos invasivos. Sin embargo, su presencia no demuestra automáticamente que todas las muertes tengan una causa común. Esa relación deberá establecerse mediante expedientes, cultivos, fechas, áreas de hospitalización y análisis epidemiológicos.

La cautela científica no debe convertirse en silencio institucional. Los testimonios describen diagnósticos tardíos, tratamientos administrados durante días sin identificar el agente infeccioso y posible circulación de personal entre pacientes aislados y no contagiados. Estas acusaciones requieren revisión documental: quién atendió a cada bebé, qué medidas de protección utilizó y cuándo se activaron los protocolos.

El IMSS sostiene que notificó los brotes, aplicó vigilancia epidemiológica y realiza una auditoría. También prometió actuar si se acreditan fallas, sin importar el nivel de responsabilidad. Es una posición necesaria, pero insuficiente si no se acompaña de fechas, resultados y explicaciones comprensibles para las familias.

La crisis tiene además un antecedente preocupante. En septiembre, cinco recién nacidos murieron en una unidad del IMSS en Durango y cuatro dieron positivo a Klebsiella. No puede afirmarse que ambos episodios estén conectados, pero la repetición obliga a revisar protocolos nacionales de control de infecciones, proveedores, higiene, equipos y uso de antibióticos.

El dolor de las familias no debe usarse para adelantar culpables ni para minimizar sospechas. Una madre contó que ni siquiera pudo abrazar a su hija por el riesgo de contagio. Esa frase resume la dimensión humana detrás de términos técnicos como brote, auditoría o vigilancia.

La autoridad debe responder cuándo apareció el primer caso, quién conoció los resultados, por qué continuaron registrándose infecciones y si existió comunicación completa con los padres. También debe aclarar cuántos bebés estuvieron expuestos y qué seguimiento reciben.

Primero fueron tres denuncias y ahora son cinco más. La cifra acumulada de ocho no es únicamente un dato: es una advertencia de que los casos aislados pueden esconder fallas sistémicas. La prioridad debe ser conocer la verdad, proteger a los pacientes actuales y garantizar que ninguna familia vuelva a enterarse demasiado tarde de un riesgo que el hospital ya conocía.

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