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¿Austeridad para quién? La pregunta que el apellido López Obrador no logra esquivar

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Una pregunta lleva años rondando a la Cuarta Transformación, y un video de pocos segundos la volvió a poner sobre la mesa, nunca mejor dicho: ¿austeridad para quién? El 21 de octubre, el usuario Vampipe, crítico de Morena y de López Obrador, difundió imágenes que, según él, se grabaron el 16 de octubre en PANEM, un club de Polanco con zonas VIP. Aparece Jesús Ernesto López Gutiérrez, de 19 años, hijo menor del expresidente, con un vaso en la mano y acompañado de otras personas.

Primero lo duro. La autenticidad y la fecha del video dependen solo de quien lo subió. La cifra de 44 a 55 mil pesos de consumo mínimo es suya, y el club no publica una lista de precios. Las imágenes no dicen cuánto gastó, si reservó mesa ni quién pagó. Hasta la mañana del 22 de octubre no había respuesta del joven, de su madre, del expresidente, del club ni del gobierno federal. Quien hable de dinero público está inventando.

Pero que la prueba no alcance para un expediente no vuelve inocua la lectura política. Un veinteañero sin cargo que sale de fiesta no comete delito alguno. El asunto no es él, es el relato. Un movimiento que hizo de la austeridad su sello moral, y de paso su arma contra todos los gobiernos anteriores, no puede asombrarse cuando el contraste le llega en formato de video vertical.

Y no es la primera postal. En junio, el joven fue relacionado con una cena privada en el restaurante de Salt Bae, sobre Reforma; los precios de ese menú no pueden atribuírsele. En 2025, Andy López Beltrán fue señalado por un viaje a Japón, con presuntas facturas de más de 177 mil pesos en hospedaje por 14 noches. Él respondió que pagó con recursos propios. También se han difundido reportes de otros dos hermanos en restaurantes exclusivos de la capital. Cada caso tiene sus matices, pero la pregunta es siempre la misma, y la respuesta de la familia suele llegar tarde, a medias o no llegar. En este caso, hasta ahora, es silencio.

Tampoco conviene aplaudir a todos los que se subieron a la ola. Ricardo Salinas Pliego retomó el caso, escribió que "lo único que querían era vivir como millonarios" y pidió investigar posibles irregularidades. ¿Con qué dato sobre el origen del dinero? Con ninguno. Que el crítico más constante del movimiento exija una investigación a partir de un vaso en una grabación es política de trinchera, no fiscalización. Y la indignación de ocasión suele ser cómoda: se activa cuando el apellido es el que conviene y se apaga cuando el reservado es de otro color.

Queda lo que nadie en la polémica quiere mirar de frente. Una mesa con consumo mínimo de decenas de miles de pesos existe en cualquier sexenio, con cualquier partido en el poder. Lo que cambia es quién prometió que el país iba a ser distinto y quién pidió, durante años, que se le creyera. La distancia entre el discurso de la sobriedad y los lugares donde se divierte el círculo cercano del poder es la verdadera noticia de fondo, y no se resuelve con un comunicado de dos líneas.

La austeridad, como el consumo mínimo de una mesa VIP, parece diseñada para que la cumplan otros. Mientras no haya explicación, esa sospecha seguirá sentada en el mejor lugar del reservado.

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