Hay imágenes que dicen más que un comunicado. Un torso gigante y unas manos huesudas ya ocupan la plancha del Zócalo, frente a la Catedral, y anuncian la figura central de la Ofrenda Monumental de Día de Muertos 2026. La Secretaría de Cultura capitalina dijo que la meta es una Catrina de 32 metros que supere a la de Puerto Vallarta, de 2022, que midió poco más de 28.
Conviene separar lo confirmado de lo pendiente. Está confirmado el anuncio y que la construcción va en marcha. Lo que falta es el récord: la propia secretaria habló de una "pretensión" de llegar a los 32 metros y no hay constancia pública de que Guinness haya medido o validado la figura. Hasta entonces es un intento, no un título. Incluso la altura es una expectativa, porque el escultor a cargo dice que esperan que alcance o rebase los 32.
Hay además un detalle que pide cuidado. La figura se presentó como una Catrina de cartonería hecha por artistas del oriente de la ciudad. Carlos Báez, director del Taller de Arte Xibalbá, describe una pieza de fibra de vidrio con estructura de acero, vestido de terciopelo morado y decoración luminosa. Pueden convivir oficios distintos, pero la diferencia merece una aclaración oficial, porque el origen artesanal es parte del relato que el gobierno quiere contar.
Ese relato es político y no tiene caso disimularlo. Clara Brugada dijo que esta Catrina, de pálido rostro y sombrero aristocrático, se burla de las apariencias, del clasismo y de quienes rechazan sus raíces. La lectura tiene respaldo histórico: José Guadalupe Posada, nacido en Aguascalientes, creó a la Calavera Garbancera como sátira de quienes querían aparentar lo que no eran. El mensaje no es invento de ahora; es el sentido original del personaje.
Lo que sí es interpretación es si un monumento de ese tamaño, levantado desde el poder, puede conservar el filo de la crítica. Un símbolo hecho para señalar la vanidad corre el riesgo de volverse el mayor motivo de presunción. Esa tensión es lo más interesante de la obra.
La escala del esfuerzo también cuenta. El equipo central suma 14 arquitectos, diseñadores y artistas plásticos, y alrededor de 140 personas participan en la ejecución, tras nueve meses de trabajo desde los primeros bocetos en febrero. Es una obra efímera: tanto trabajo para unos días. Aún no se conoce su costo ni los nombres de los artistas cartoneros que se mencionaron; en una obra pública de esta visibilidad, son datos razonables de transparencia.
La apuesta rinde en otro terreno. Las autoridades hablan de unas 5 mil actividades y de cerca de medio millón de turistas y visitantes. El desfile de alebrijes en Reforma suma unas 208 piezas hasta el 8 de noviembre, las ofrendas en las utopías van del 29 de octubre al 2 de noviembre y Camino de Luz llevará esculturas lumínicas a las glorietas de Reforma. La inauguración que más se maneja es el 29 de octubre, fecha que conviene confirmar con el gobierno capitalino.
Si el récord llega, será la cereza del pastel. Si no, la Catrina ya habrá cumplido algo: poner a una ciudad entera a discutir para qué nació este personaje. La prueba será que, además de las fotos, alguien se acuerde de a quién iba dirigida la burla.






